Lunes, 10 de diciembre de 2018

Colegiada: Gracias por el mentoreo

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Colegiada: La vida ni tan común ni tan corriente de hacer un posgrado

Gracias por el mentoreo

Por Errática (DEE)| 14 de noviembre de 2018

Escribo esto después de pasar la tarde contigo. Planeamos la clase a la que me incluiste para que tuviera mis primeros encuentros con la docencia, fuimos a ella y regresamos al hogar académico (también conocida como oficina) a continuar con el trabajo y con la sonata a dos teclados en Re: y a veces en Fwd: Dramática y con cursilería puedo decir que tú eres la responsable directa de que ya no pase la mitad del tiempo dedicada a mis tareas, llorando por sentirme incompetente. Sé que soy joven, inquieta y bastante torpe, pero tu guía, paciencia, experiencia…  ah y claro, tu atinada asesoría académica, son un tesoro para mí.

Más allá de las crisis existenciales que he vertido en esta columna, existen también algunos intentos inexpertos de brindar consejo a otros que, como yo, se encuentran en la misma aventura académica; consejos que florecen a partir de una disfrutable y peculiar experiencia en el posgrado. Esta experiencia ha estado moldeada por las tardes de trabajo que se han convertido en días, por los litros de café que han servido de combustible para nuestras descabelladas ideas y los proyectos que hemos hecho nuestros y que son como aquel truco de magia en el que sacas un pañuelo y salen diez. Gracias por la asesoría y supervisión, pero más que eso, gracias por el mentoreo.

Fuente: IthinkwellHugh

La APA define al mentoreo como una relación inherentemente flexible compuesta por un individuo necesitado de guía para su desarrollo y otro que es capaz (y está dispuesto) a ofrecer esa guía y experiencia. Es una relación de importante desarrollo profesional y está directamente relacionado con la efectividad de un programa académico. Las dos principales funciones de un mentor son 1) dar consejo y retroalimentación sobre el desempeño y desarrollo del mentorado y 2) ser un modelo a seguir y constituir un sistema de apoyo y balance.

Cabe mencionar que al ingresar a un programa de posgrado es natural recibir y/o solicitar el acompañamiento académico de un asesor para el cumplimiento de requisitos, en especial de la tesis; sin embargo, no todos los asesores pueden ser considerados mentores. Según Woolderink y colaboradores, tanto asesorados como asesores expresan valorar los mismos atributos de comunicación, habilidades y personalidad en el otro, por lo que es consecuente pensar que es trabajo y responsabilidad de dos establecer una sana y fructífera relación. Hay tres aspectos de este tipo de relaciones profesionales que en lo personal he encontrado claves para no sólo cumplir con el llano requisito de ser evaluado y guiado individualmente por un experto en el área, sino para construir una verdadera relación de mentoreo: empatar con la persona correcta, trazar esqueleto explícito e implícito sobre las interacciones y ponerse a hacer el trabajo.

Fuente: PhD Comics

Match, tan complejo como en las redes sociales

Sé que este aspecto del mentoreo podrá parecer no estar por completo en tus manos, pero definitivamente está de más decir que, si hay que elegir asesor (potencial mentor) antes de estar sumergido en el ambiente académico, es necesario conocer en papel a todos los posibles profesores. Leer sus trayectorias profesionales, algunos trabajos académicos publicados y tener presentes sus intereses de investigación es un buen inicio para determinar si se estaría interesado en entablar una relación de asesoría. La primera entrevista es crucial, así como las primeras semanas de trabajo; considera que esa persona no sólo estará pendiente de tu desempeño y avance del posgrado, sino que te incluirá en sus proyectos, te conocerá tanto como tú a ti mismo y verá cómo creces (o te hundes) en el proceso.

Empatar con la persona correcta no es tampoco un mágico proceso que el destino tiene o no deparado para ti. Las relaciones humanas hay que trabajarlas y requieren de esfuerzo y reciprocidad. Pero, si definitivamente no es espontáneo el interés por escuchar, conocer y sobre todo trabajar y emprender proyectos con el otro, habrá que pensarse dos veces si se quiere continuar con esas mismas dinámicas por tres o cuatro años más.

Las reglas del juego

Como en todo, hay reglas escritas y no escritas. Medios de comunicación, tiempos de respuesta, frecuencia y duración de reuniones… comunicación clara y efectiva, expectativas del presente y del futuro, procedimientos para cumplimiento de metas, mecanismos de resolución de conflictos, y en general, las reglas de la vida ni tan común ni tan corriente de hacer un posgrado. Si bien habrá tiempo y espacio para identificar y establecer cada una de esas particularidades, la que sin duda merece toda nuestra atención es la de la clara y efectiva comunicación. Los investigadores son personas ocupadas y con una inmensa cantidad de trabajo y compromisos, por lo que trabajar por una eficiente comunicación oral y escrita es la regla de oro.

Comunicar avances y síntesis de actividades es un primer paso y puede ser dominado fácilmente. Comunicar ideas, planes y expectativas es un segundo paso que quizás cueste más trabajo dar. Comunicar sentimientos, experiencias, decepciones y miedos es lo más difícil pero más valioso para nutrir y crecer. Nunca será lo mismo charlar por teléfono o correos electrónicos, así que valora el tiempo que tu asesor/mentor pueda compartir. Cuando la dinámica es natural y satisfactoria para ambas partes, el cumplimiento y determinación de esas reglas dinámicas para la interacción académica será igual de natural y satisfactorio.

Fuente: PhD Comics

Manos a la obra

Las “buenas” metas son específicas, posibles, relevantes y situadas en espacio-tiempo. Recuerda que trabajas por tus metas, pero también por las metas que tienes en común con tu asesor/mentor y tu grupo de investigación (si tienes la fuerte de tenerlo). Por más comprometido que esté tu sensei con tu desarrollo, no hay que olvidar que el primer interesado es uno mismo y para eso es necesario invertir energía y tiempo. Es muy fácil desarrollar “fobia al supervisor” si nosotros mismos sabemos que no estamos cumpliendo con las mínimas expectativas.

Las manos que hay que poner a trabajar son las propias, y a medida que se vayan percibiendo nuestros esfuerzos, por más lentos e insignificantes que parezcan, se irán sumando y sin duda veremos a nuestros mentores no sólo acompañándonos en el trabajo, sino siendo parte de él también. No hay nada más satisfactorio que ver tu nombre en coautoría con esa persona que tanto admiras.

Fuente: IthinkwellHugh

Nunca estará de más agradecer a la persona que te lleva de la mano en el proceso de convertirte en investigador y que sigue ahí a pesar de tus múltiples tropiezos. A todos nos es importante ser reconocidos y no hay nada mejor que un “gracias” sincero, y quizás un café preparado tal como al mentor le agrada. Y claro, contestando los correos a tiempo, entregando tus avances puntuales y en forma y asegurándote de graduarte cuando te corresponde.

Conocer y trabajar con mi mentora es lo mejor que me ha pasado en mi corta vida académica. Espero que tú puedas decir lo mismo también.

(y si no, puedes leer más aquí)

 

Hasta que la graduación nos separe.

 

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