Cartas a NP: un regicidio

0

*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Gracias al Tecnológico de Monterrey pude hacer un intercambio en la Universidad Técnica de la República Checa. También gracias a mi alma máter pude estudiar Derechos Humanos y Ética Aplicada –disciplinas en apariencia un tanto ajenas para un estudiante de Ingeniería Física– en la Universidad Católica de Lovaina. Hoy tengo el privilegio de hacer mi maestría en la Universidad Técnica de Múnich gracias, una y mil veces más, al Tec.

Me gustaría preguntarle a la comunidad del Tecnológico de Monterrey, ¿cuántas personas creen que se reconocen con fotografías colgantes, en paredes de aquellas universidades extranjeras, por el motivo de su apariencia o género?

L@s ingenier@s, premios Nobel, científic@s y profesor@s recordados con la imagen en alguna aula o algún laboratorio comparten características como son la perseverancia, el amor a la ciencia y la academia, liderazgo y muchas otras más que engloban los valores de la institución. Aquellas imágenes extranjeras nunca comparten una sola raza, un género, una religión, ni –sería risible– su nivel de atractivo.

Siempre es una experiencia grata el regresar al Tec para visitar a mis mentores y, no obstante, siempre me golpea, disonante, la presencia del infame ‘Muro de las Reinas’. Una serie de fotografías cuya disonancia tiene origen en que las constantes son 1) que son mujeres, y 2) que son –subjetivamente, claro– bellas.

El cariño y el respeto que le tengo a mi alma máter se ven cuestionados cuando alguien –ajeno o no al Tec– me pide defender lo indefendible.

Si todos los miembros de un grupo comparten una característica, existiendo la posibilidad teórica de la diversidad, entonces el grupo está definido por la característica en cuestión. Con esto me refiero a que la probabilidad de que una mujer se convierta en Reina del Tec (el propio término provoca escozor en quienes seriamos los lacayos) está altamente correlacionada con su apariencia.

Dicho de manera vulgar, es prácticamente imposible que un hombre o una persona fea aparezca en el mentado muro (ouch).

No escatimemos en historias, legados o tradiciones. El estatuto, reverenciado por las fotografías en el edificio de Centro Estudiantil, no hace nada más que glorificar la belleza femenina. Se podrá ligar o desligar a la Reina de otros puestos, pero eso no cambia que en el fondo se trate de un concurso de belleza respaldado por la institución, pues es el Tec que con voz y recursos ha mantenido el Baile de Reinas como uno de los más característicos del departamento –bajo este contexto irónicamente llamado– Desarrollo Estudiantil.

Es sexista por tratarse de un solo género.

Es superficial al tratarse de belleza.

No tiene cabida en una universidad tecnológica.

Es incoherente con lo que proclama la universidad.

¿Cómo se pretende cerrar la brecha de género si alguno tiene la posibilidad exclusiva de aventajar su exposición gracias a un evento? ¿Cómo se pretende alentar a una jovencita a estudiar en STEM, cuando existe un ejemplo claro de que la apariencia representa una ventaja incluso dentro de las mismas universidades que se autoproclaman como imparciales y objetivas?

Cuando tuve la oportunidad de servir como presidente de la Sociedad de Alumnos de Ingeniería Física Industrial (2011 a 2012) ya existía en mis homólogos más experimentados un repudio hacia la figura e imagen de ‘la Reina’. Es controversial y una vergüenza que en el 2017 no se haya erradicado todavía.

Quienes tuvimos el privilegio de conocer a Angélica Ortiz sabemos que su vida y obra hablan por la importancia de combatir la inequidad.

Hoy por hoy, cuelgan dentro de claustros del Tec fotografías de chicas con coronas, cetros y caras bonitas mientras la imagen de Angélica se encuentra NO dentro del Tec, sino pintada a las afueras de una lavandería aledaña a la universidad. Quien no encuentre ahí una hipocresía, debería reconsiderar.

Escribo esto desde lejos y desde fuera, y aquí la Reina y el Baile de Reinas seguirá luciendo pésimo mientras esté ligado a una Institución Tecnológica de Estudios Superiores. Y si desde dentro del Tec se percibe como algo normal, yo exhortaría seriamente a involucrarse en el diálogo. El sentido humano solo crece con la autocrítica y, citando al propio David Noel Ramírez Padilla, hay que decirnos: “las tradiciones se hicieron para romperse”.

¿Qué estamos esperando?

Andrés González Padilla, orgullosamente EXATEC

 

Todos los comentarios son revisados previo a su publicación. No serán aprobados los comentarios que contengan ataques y ofensas personales; agresiones racistas, sexistas o discriminatorias en general; ni publicidad o spam.