Viernes, 20 de abril de 2018

Cartas a NP: Mayor amor que este, #TodosSomosJorgeYJavier

0

*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

19 de marzo de 2018

¿Para qué sirve de verdad la movilización estudiantil, de frente a las balas y el terror? ¿Qué pasa cuando una comunidad se organiza y se resiste a olvidar?

La noche del 19 de marzo de 2010, alrededor de las 22:00 horas, una llamada anónima a la Sedena alertó sobre presuntos sicarios en la esquina de Eugenio Garza Sada y Luis Elizondo, frente al campus central del Tec de Monterrey. O, según otras fuentes, un convoy realizaba una persecución que los llevó al cruce aproximadamente a la 1 de la madrugada.

Poco antes, Jorge Antonio Mercado Alonso y Francisco Javier Arredondo Verdugo, estudiantes de posgrado del ITESM, salían de la biblioteca. Jorge preparaba su tesis (estaba a dos semanas de acabar la maestría), Javier había pasado la semana enfermo y Jorge lo había acompañado esa mañana al hospital; a cambio, él lo acompañaba en su all-nighter. A lo mejor se cansaron y decidieron ir unas horas a dormir al departamento que compartían. O tal vez fueron por comida para continuar. Nadie más que ellos sabe. Supo. Sus computadoras dejaron de registrar actividad a las 00:38 h del 20 de marzo. A las 00:45 h, las cámaras de seguridad captaron sus figuras camino a la salida de Garza Sada y Elizondo.

Hay por lo menos dos versiones de lo que pasó después. La primera: Jorge y Javier salieron de la institución y se vieron en medio de un fuego cruzado. En la refriega, los mataron sendas balas del Ejército Mexicano. Se reacomodaron sus cuerpos, se retiraron sus mochilas, se les colocaron armas y se anunció la muerte de dos sicarios frente al Tec de Monterrey.

La segunda, más factible, es similar. Jorge y Javier salieron y, al escuchar los tiros, corrieron de regreso al campus. Los mataron dentro del Tec. El ejército entró a las instalaciones, rompió las cámaras, los molió a culatazos y les disparó a quemarropa. El guardia de seguridad se escondió en un baño. Los cuerpos fueron arrastrados a la calle y ahí se les plantaron armas como justificación retroactiva para abrir fuego sobre ellos.

Es la diferencia que separa un error trágico y encubierto cobardemente, y una ejecución arbitraria en un plantel educativo. Un crimen de Estado.

“Es el ejército entrando a una escuela”, dice Merlina, exestudiante del Tec, “Es algo… pues es una guerra, ¿no?”. Merlina, en 2010, era estudiante del Tec en el campus Saltillo. De noche, en su casa, había escuchado rumores sobre la balacera: había muerto alguien, se decía que eran sicarios; la información era difusa. Hasta el día a finales de marzo en que sacaron de los salones a Merlina y a todos sus compañeros para ver una videoconferencia de Rafael Rangel Sostmann, rector del Tecnológico de Monterrey.

Ninguno de los estudiantes sabía precisamente a qué los habían llevado ahí hasta que comenzó el video, y en él, apareció Rafael Rangel explicando los tristes acontecimientos de ese 19 de marzo.

“Se me hizo falso. Se hicieron muchas promesas entonces por parte de las autoridades, que iban a investigar y presionar, y estas promesas no se vieron cumplidas”, declaró Merlina. Después de transferirse a campus Monterrey, Melina se involucró en el caso de Jorge y Javier a finales de 2012. Ahí, se unió a la Asamblea Estudiantil del Tec (un grupo no reconocido por la institución, asociado con asambleas de la UANL y la UDEM), que estaba comprometida con el caso y que, tras su disolución unos años más tarde, dejaría las bases para el movimiento #TodosSomosJorgeYJavier.

“La gente nos decía que los dejáramos descansar en paz, que lo olvidáramos. Nosotros la verdad no teníamos experiencia, no sabíamos si estaba bien o no para las familias que estuviéramos tratando de apoyarlos, pero queríamos hacer algo”, comentó Merlina. Por ello, al inicio la Asamblea se limitó a conmemorar cada 19 de marzo, a contracorriente con cierto desinterés general y muchos obstáculos institucionales. Los primeros eventos tuvieron que realizarse fuera del campus.

En octubre de 2012 habían obtenido un informe de la CNDH en que se decía que habría un juicio militar contra un soldado por alterar la escena del crimen (solo por eso). De ahí en más, el movimiento y el caso se sentían estancados, y por más que aún había estudiantes en busca de justicia, la Asamblea empezaba a desintegrarse.

Fue por entonces que Quique Guerrero, estudiante, fue a una conferencia de Enrique Peña Nieto como parte de una clase. Saliendo, vio en la muchedumbre a Jesús Murillo Karam, quien fungió como Procurador General de la República de 2012 a 2015, cuando fue retirado del puesto por su manejo del caso Ayotzinapa. Quique se acercó y le pidió por el caso de Jorge y Javier frente a otros invitados. Gracias a esta conversación, Murillo le dio la tarjeta de la subprocuradora Mariana Benítez Tiburcio, volviendo así a poner en marcha el proceso legal que muchos ya habían dado por terminado. O al menos así lo parecía. Antes de terminado el año, salió el veredicto. Ese único acusado fue declarado inocente.

Hoy, en 2018, Paulina R. Garrido y Galo Delgado son estudiantes de licenciatura del ITESM. Sus recuerdos de ese día hace ocho años son curiosamente similares. Sentado en el asiento trasero de un auto que cruzaba las calles de Nuevo Laredo, Galo escuchó a sus padres discutir una noticia regiomontana. Un peso se acumulaba en su pecho. Paulina se enteró en otro vehículo, en la carretera de Puebla a Monterrey. Algo sobre sicarios queriendo meterse por la noche a una universidad. Ambos estaban en secundaria.

Paulina empezó a estudiar Relaciones Internacionales en el ITESM en 2014. “En prepa nadie mencionaba el caso y fue hasta cuando ingresé a la carrera que escuché de esto. Recuerdo que estaba tomando la materia de Perspectiva Internacional con Angélica Maldonado. Ella se paró en clase y nos explicó cómo iba el caso. Nos invitó a participar en el movimiento porque en ese entonces se cumplían cuatro años de la muerte de Jorge y Javier”, declaró Paulina.

Ese mismo año, hicieron un evento cultural en el parque Tecnológico, a unas cuadras de la institución. Se leyeron poemas y hubo una exposición de fotos sobre derechos humanos. Pero dentro de la institución era otra historia. “No nos dejaban hacer eventos en honor a Jorge y Javier dentro del Tec. Hasta ese entonces no había asistido a los eventos nadie de la FEITESM ni ningún directivo importante”, mencionó Paulina.

Al mismo tiempo que trataban de atraer la mirada de la sociedad, los integrantes del movimiento apoyaban a las familias de las víctimas en una batalla por conseguir justicia, o por lo menos rectificar la afrenta de llamar sicarios a dos estudiantes inocentes. En 2014 se dio la Implementación de la Reforma Constitucional de los Derechos Humanos, gracias a la cual se pudo atraer el caso a Justicia Civil. Solo se debía encontrar el archivo y presionar a la PGR para que se reabriera el caso.

“Como asamblea colaboramos con eso”, explica Merlina, “buscamos el expediente, hicimos la ficha del caso… y pues sí estuvimos ahí molestando a la PGR hasta que nos afirmaron que se reabriría el caso”. Pero antes de contactar a los padres necesitaban tener algo más sólido qué presentarles, y más apoyo, el cual encontraron con CADHAC, Amnistía Internacional y Amnistía México.

“Quique funcionó como embajador con las familias ya que había tenido contacto previo con ellos. Nos recibieron muy bien, son unas personas en serio muy buenas y muy valientes. No me imagino qué sintieron al ver a un grupo de morritos tocando a su puerta. Cuando por fin nos conocimos todos fue una lloradera. Yo por lo menos lloré mucho”, declaró Merlina.

El caso se reabrió en Justicia Civil en 2014. Sin embargo, volvió a detenerse por más de dos años por falta de voluntad política. Estuvo ahí archivado aunque el fiscal ya tenía todo el expediente completo. El paso siguiente era que este llegara al poder judicial y un juez decidiera si se procedía o no según la evidencia.

“Se tuvo que pelear mucho con la PGR, pero la familia tomó desde ese momento la batuta, como debe ser, ¿no? Nosotros estuvimos ahí sobre todo para acompañarlos y apoyarlos, y también buscando el apoyo de otras instituciones y haciendo eventos de difusión para que el caso no perdiera fuerza”, mencionó Merlina.

El quinto aniversario luctuoso de Javier Arredondo y Jorge Mercado se celebró de manera especial. Las estudiantes Angélica Maldonado y Adriana Elizondo, con el apoyo de la Asamblea Estudiantil, el naciente movimiento #TodosSomosJorgeYJavier y la organización de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A. C., gestionaron la toma de un espacio significativo: una pared en la joroba del cruce en que se cometieron los asesinatos. Con el permiso del Instituto de la Juventud Regia, Eduardo Alonso Vázquez y otro artista urbano pintaron sobre la pared los rostros de Jorge y Javier, el paisaje de su alma mater, flores y siluetas de estudiantes en protesta. Sobre sus cabezas, en tinta negra, Juan 13:15: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos…”, y justo frente a estos puntos suspensivos estaba una paloma blanca.

Este fue el año en que Galo Delgado llegó al Tecnológico de Monterrey. Para este momento ya sabía, gracias a los medios, que la historia de los sicarios había sido una mentira. Desde antes de llegar a Monterrey había estado involucrado en Nuevo Laredo en proyectos de empoderamiento de jóvenes, pero el caso de Jorge y Javier nunca había dejado su mente del todo. Por esto, al presentarse la oportunidad, comenzó a escribir para Nueva Prensa, un periódico estudiantil del Tecnológico de Monterrey, bajo la tutela de Fernanda Sánchez Mirabal.

Uno de sus primeros proyectos era la realización de una línea de tiempo sobre todos los sucesos relacionados a los asesinatos en los últimos 5 años. La intención era ir a Saltillo y entrevistar a diversos familiares y amistades de los jóvenes. Sin embargo, el proyecto nunca se llevó a cabo. Al mismo tiempo, otros estudiantes estaban realizando un documental sobre el caso, y ambos proyectos se fusionaron. Galo reconstruyó los hechos y ayudó en la edición final de la película, que se llamó Identidad incautada y se publicó en YouTube el 25 de noviembre de 2015.

“Hubo muchas tensiones por ese documental”, comenta Galo,  “Esta especie de presión por parte del Tec. Nos contactaron de Asuntos Estudiantiles y nos dijeron que tuviéramos cuidado con lo que se ponía en el documental. Hubo problemas de desinformación. Ellos querían saber exactamente qué hacíamos nosotros pero nunca nos decían nada”. Pero el proyecto prosperó. “Los ignoramos”, declaró Galo con una sonrisa, “e hicimos el documental de todas formas”.

En 2016 se organizó una reflexión interuniversitaria en las puertas de Luis Elizondo y Garza Sada. Hayan ocurrido donde hayan ocurrido los asesinatos, tuvieron que ser a unos pasos de ahí. CADHAC, Amnistía Internacional, los padres de Jorge y estudiantes de otras universidades, como la UDEM, la UANL y la Escuela Libre de Derecho estuvieron presentes.

“La intención era juntar a estudiantes de otras universidades porque lo que le pasó a Jorge y Javier sonó mucho debido a que eran estudiantes del Tec”, comentó Paulina, “Hubo otros estudiantes que también sufrieron esta violencia y queríamos crear una comunidad de apoyo”.

Ese año, por primera vez, se proyectó el documental dentro del campus. A la fecha, los alumnos que están en la FEITESM siguen haciendo una ceremonia para recordar a Jorge y Javier. La ceremonia es por donde está la placa de Jorge y Javier, toda olvidada, enfrente de Centro Estudiantil. Siempre es muy temprano, como a las ocho o nueve de la mañana. Nadie va por lo mismo.

Casi una década después, el movimiento es más subterráneo, las líneas que lo unen tal vez son algo más tenues. Pero sigue estando ahí. Merlina, Galo y Paulina coinciden en sus historias y sus convicciones en la necesidad de la empatía, la memoria, la resistencia, la organización. Ninguno de los logros del movimiento se ha dado en solitario.

También hay espacio para la angustia. “Yo también estoy 100% becado”, comenta Galo, “El Tec trae todo esto con los Líderes del Mañana pero, ¿qué? Es decir, qué si mañana me asaltan y me matan en la esquina, ¿todo lo que va a quedar de mí es una placa que nadie ve? Jorge regresando por Javier sabiendo que posiblemente iba a morir es la cosa más heroica y con más sentido humano que ha pasado en ese campus, y nadie hace nada por recordarlo”.

Entre el 20 y el 24 de noviembre de 2017, el gobierno municipal cubrió el mural hecho en memoria de Jorge y Javier de pintura blanca. En #TodosSomosJorgeYJavier redactaron una carta el 5 de marzo de este año pidiendo recuperar la pared junto con una explicación, la cual no ha sido dada oficialmente.

El movimiento se puso en contacto con el Instituto de Juventud Regia, donde fueron rechazados con indicaciones de llevar sus quejas a Servicios Públicos de Monterrey, y donde tampoco les dieron una respuesta concreta, más que la orden pareció venir desde el ayuntamiento. Una teoría de varios miembros es que, con el periodo electoral acercándose, el espacio fue cubierto para ser utilizado para fines de propaganda de campaña, pero nada es seguro*. Excepto que seguirán (seguiremos) en movimiento.

*Mientras se hacía la revisión final de este texto, se dio a conocer una carta del representante legal del gobierno de Adrián de la Garza, alcalde de Monterrey, respondiendo por la desaparición del mural. En la misiva, el gobierno del priista reitera su apoyo a la cultura y las artes, extiende un permiso para volver a ocupar el espacio para expresiones urbanas y conmemorativas, posiblemente, de manera indefinida. Esperemos que así sea.

Rebeca Oliva e Ivonne Acosta

 

Todos los comentarios son revisados previo a su publicación. No serán aprobados los comentarios que contengan ataques y ofensas personales; agresiones racistas, sexistas o discriminatorias en general; ni publicidad o spam.