Cartas a NP: La democracia está sobrevalorada

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cartas“La democracia está sobrevalorada”, esta frase de la serie de televisión House of Cards puede quizá enmarcar todo el escenario en el que se ha convertido la política democrática en muchos países del mundo, entre ellos México. Aparentemente este astuto político de ficción (Frank Underwood) sabe muy bien que la democracia no es otra cosa mas que un juego entre las corporaciones económicas, las élites y la ciudadanía, en el que unos ignoran las reglas que los otros imponen. Aludiendo a una especie de antropología negativa, la política expuesta en House of Cards no es otra cosa que la de “hunt or be hunted”, que pareciera escapar por la pantalla de nuestros televisores y ser tomada como ejemplo por muchos de nuestros actuales gobernantes.

¿La democracia está sobrevalorada? La respuesta parece ser que sí, ya que muchos funcionarios de gobierno se ganan sus puestos en la privacidad de los edificios de gobierno, gracias a las relaciones que se construyen dentro de esas paredes.

Es así que muchos políticos pasan incluso por encima del constituyente y en este “juego de la democracia” no miden sus acciones o sus palabras, donde ellos mismos, con el paso del tiempo, dieron cuenta que para que los proyectos salgan a flote tiene que estar en favor de sus influencias externas o internas. Este tipo de corrupción, actualmente de conocimiento público,  provoca que las iniciativas no sean siempre en pro de la sociedad para un beneficio común, sino para favorecer a una minoría en el poder.

Los ciudadanos de a pie hemos caído en lo que Sloterdijk y Žižek llaman falsa conciencia ilustrada: “sabemos muy bien lo que pasa, pero aun así seguimos haciéndolo”. Hoy sabemos los ciudadanos que la democracia está sobrevalorada, que no funciona tan bien como creíamos y que tiene serios problemas en su aparataje institucional. Pero pese a saberlo tan bien, no hacemos una cosa diferente a quedar en silencio ante los altos mandos, parece que el sistema nos ha enmudecido con miedo o falsas esperanzas de un cambio que nunca llega.

Quizá es momento de tener un cambio de sistema. Quizá la democracia está ya obsoleta y debemos crear una nueva forma de hacer política, gritando en las calles “¡ustedes no nos representan!”. Quizá algún día el pueblo logre evitar que más políticos protegidos detrás del poder sigan gobernando, sirviendo sus propios intereses o los de la clase elitista. Quizá se dé un verdadero cambio, donde los intereses prioritarios por los que los hombres de traje se peleen sean los intereses de su pueblo.

Por último, añado como periodista una breve invitación a los políticos,  fundamentado en el sentido más puro del patriotismo: peleen por nuestros países para que juntos podamos sacarlo adelante.

Adrián Navarro (LRI)

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