Cartas a NP: King Gizzard and the Lizard Wizard

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Una Noche Microtonal: King Gizzard and the Lizard Wizard en el Mohawk

Al llegar a Red River Street, mítica calle en Austin, Texas, ya se empezaba a ver la fila de personas esperando para que la noche cayera y fueran sumergidos al mundo efervescente de los músicos australianos. Había un dibujo en la entrada que daba la bienvenida a todos al show. Adentro, la banda se escuchaba ensayando. Una increíble noche estaba por tomar lugar.

King Gizzard and the Lizard Wizard es más que una banda, es un conjunto de músicos prolíficos y habilidosos de Melbourne, Australia que no tienen miedo con experimentar, tanto con su sonido como con su forma de componer. Tan solo este año la banda ha sacado tres discos: el aclamado Flying Microtonal BananaMurder of the Universe y Sketches of Brunswick East (junto con otra banda australiana llamada Mild High Club). Con 12 de sus 17 shows por EUA completamente agotados desde hace meses, King Gizzard se ha vuelto una de las más grandes bandas de rock que existen en la actualidad.

Foto tomada por el autor

Los organizadores del SOS (Sound on Sound Festival) de este año lograron algo increíble al traer a esta banda a uno de los venues más icónicos de Estados Unidos. Casi todos afuera del lugar traían consigo una camisa de la banda y había sonrisas que se podían ver a kilómetros y kilómetros. Yo estaba en el bar, esperando a que abrieran las puertas. El bar estaba lleno de reporteros cargando sus cámaras. De repente se escuchó el sonido de las puertas, seguido de cientos de pies ingresando al bar. Nos adentramos a la multitud y nos situamos enfrente del escenario para cumplir con nuestro deber: tomar fotografías. Poco a poco dejaron de existir los huecos entre la multitud. Todo el lugar estaba repleto, no había lugar para soledad.

El evento comenzó con Sailor Poon, banda local de Austin que sorprendió a todos con un set rápido y frenético; aquel que solo se le compara a aquella novela que comienza con la trama en su parte climática en vez de progresar poco a poco. Pero claro, esto era lo que la audiencia necesitaba. Estridentes gritos y los saxofones chillones y brillantes de Billie, quien también era la vocalista, llenaron los oídos de todos con metal y resonantes idiosincrasias. Al terminar Sailor Poon, la mitad de la audiencia que estaba en la parte de abajo dio un paso al frente. Me vi encerrado, rodeado de gente lista para lo que venía. Cuando los siete miembros de King Gizzard encontraron sus lugares, afinaron sus guitarras. “ONE, ONE, ONE, TWO!” demandaba Stu, el vocalista, guitarrista y compositor principal de la banda.

Foto tomada por el autor

Después de dos canciones que sirvieron como introducción, Digital Black comenzó y la experiencia microtonal empezó. Sentí cómo cientos de personas me empujaban hacia el frente y hacia los lados. Estaba en un mar de aficionados sedientos por una noche increíble. Después de tantos años de ir a shows, tomar fotos, cubrir eventos, jamás había visto la energía que tenía esta audiencia viendo a King Gizzard.

Brazos, un mar de ellos alzados, sus manos señalándolos, siguiendo el ritmo. La cara de cientos de personas que no iban desperdiciar ni un segundo de este maravilloso viaje. Tomar una foto terminaba siendo la cosa más difícil. Tenía que empujar con todas mis fuerzas a las personas detrás para tomar una foto. Después de un rato me rendí frente a la poderosa fuerza que conllevaba este mar que, delante de mí, desembocada y se realzaba delante de los monitores y bocinas; un muro de sonido trascendental.

Foto tomada por el autor

King Gizzard es famoso por el uso de guitarras microtonales en sus últimos tres discos, obteniendo un sonido único al ser comparado con otras bandas. Esa guitarra amarilla, dos bateristas, el sonido de los sintetizadores, aquella voz que narra a pulso de guerrero las palabras que conforman su mítica existencia. Me tocó correr por todos lados; estaba tan lleno el lugar que, para la hora de que tocaron Hot Water, ya había recorrido todo el lugar alrededor de 15 veces. La audiencia no dejaba de bailar. Había gente surfeando entre la multitud, pasando de mano en mano por varios minutos, hasta que se bajaban y alguien más tomaba sus lugares. La gente en los pisos de arriba miraba con asombro a los que estaban abajo, dando sus vidas por el bien de sus almas.

Después de una hora y media, King Gizzard tocó su última canción: Lonely Steel Sheet Flyer. Stu sacó su flauta transversal y comenzó a tocarla, hipnotizando a todos los que estábamos ahí. De repente el mar se calmó y todos nos quedamos ahí, resumiendo en nuestras cabezas lo que había pasado y aceptando que el concierto estaba por terminar. La gente seguía pidiendo más y más, rehusándose a que acabara. Las personas salieron poco a poco, unos se quedaron comprando y otros se marcharon hacia la calle llena de personas. Red River Street les sonrió, las luces llenas de tranquilidad y emoción, el show había concluido hermosa y brillantemente.

José Moreno Rahn
IMI

 

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