Cartas a NP: Diálogos y reflejos, una reflexión sobre la Balacera 18E Monterrey

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

cartaCreo y comparto este escrito respondiendo a un implacable impulso por decir algo. Como regio, mexicano y docente, hay una fibra que me toca este caso de violencia extrema registrado en un salón de clases de la ciudad donde nací, en donde la violencia es parte de la cotidianeidad desde hace ya varios años.

Más allá de pretender dar una respuesta o encontrar una explicación absoluta, el propósito de este escrito es el de compartir un pensamiento, una idea en medio de un pesar común. Vivimos en un sistema que nos programa a ser cada vez menos empáticas/os, por lo que creo importante rescatar que, al menos en este tipo de fenómenos, existe una especie de conciencia común que nos obliga a no pasar por alto lo sucedido y hacer una sincera reflexión sobre lo que nos está ocurriendo como sociedad.

El caso del Colegio Americano nos atraviesa por una simple razón: casi todas/os hemos estado en un salón de clases. Según un análisis del INEE1, en 2015 el 85.7% de la población del país tenía al menos un grado de escolaridad. La experiencia de ir la escuela es algo que la mayor parte de las/os mexicanas/os compartimos.

Ahora bien, me parece que la manera más adecuada de compartirles mi reflexión en torno a lo sucedido es cómo fui reaccionando ante el hecho. En primer lugar, y voy a ser franco con ello, cuando leí la noticia no me sorprendí. Cuando la vi hubo una especie de conclusión rápida en mi cabeza que dio por “normal” que esto sucediera. Ya no me sorprendió. Con base en mi experiencia y la forma en que he adquirido información en los últimos años, mi perspectiva ha ido cambiando. He leído ya mucho más contenido crítico, duro y real sobre lo que ocurre y ha ocurrido en México y en el mundo. Todos los días, en todos los países, en todas las ciudades, en todos los espacios, en todas las épocas, en todos los minutos… guerras, desapariciones, corrupción, crímenes de odio, violaciones, genocidios, abusos de poder… La violencia es inherente al sistema en el que vivimos, es parte de nuestro día a día. Y aquí hago una aclaración: concuerdo en que es peligroso perder la capacidad de asombro y que debemos ser siempre sensibles ante la realidad que nos rodea; sólo creo que llegó un punto para mí en el que soy empático con lo que sucede pero también consciente del contexto que lo genera.

Ya en un segundo momento, y esto sería a partir de leer varias notas, escuchar análisis de expertas/os y ver las publicaciones de mis contactos en redes sociales, me llegó una preocupación muy profunda por lo que estaba mirando: ¿estamos llegando a las conclusiones adecuadas? ¿Estamos planteando las preguntas correctas? Algunas voces que se manifestaban desde la política y los medios planteaban puntos con una visión muy corta y muy superficial sobre un acontecimiento que amerita un análisis más extenso.

Porque, a ver banda: esto va mucho, mucho más allá de la mentada “operación mochila”. ¡Por favor! A ver, pensemos por un momento como criminales: si quiero llevar un arma a la escuela y sé que inspeccionan las mochilas, ¡pues no la llevo en la mochila! Consigo meterla de otra forma… ¡sobra creatividad a la hora en que se quiere cometer un delito! No, esto que nos ocurrió como sociedad merece, ¡necesita! un debate de ideas mucho más amplio. Si las respuestas a un fenómeno de violencia tan agudo quedan en inspeccionar morrales de estudiantes para ver qué traen, terminaremos dando vueltas en círculos una y otra vez queriendo dar explicaciones fáciles a problemas complejos.

Hay tres puntos de análisis que he podido identificar y sobre los cuales planteo mi reflexión más adelante. El primero es el que se ha centrado en el sujeto. Esta narrativa se ha construido en torno a la identidad de Federico, qué hacía, a qué grupos pertenecía2, el interés compartido con su padre por la cacería3, etcétera. En su participación para el programa del 19 de enero para Aristegui Noticias, el psicoanalista Giuseppe Amara4 construyó un perfil psicológico de Federico. Entre sus comentarios, resalta que el trastorno psicológico de la depresión puede ser una causa, pero no es suficiente para lo que ocurrió. En este sentido, indica que se debe ahondar sobre los tipos de violencia que tenía Federico a su alcance, con qué tipo de situaciones violentas interactuaba o había interactuado en su vida.

El segundo punto de análisis es el enfocado en el círculo comunitario alrededor de Federico: su madre y padre, sus familiares, sus docentes y sus amistades. Es en esta visión del hecho que aporta su mensaje el presidente Enrique Peña Nieto5, quien emitió un video llamando a trabajar los valores familiares. Aquí los comentarios que se han generado, en los que también participa el psicoanalista Amara, priorizan que la atención en las/os niñas/os y jóvenes debe correr a cargo de la familia en el círculo del hogar. Deben ser capaces de detectar patrones de conducta errática en el individuo, y estar atentas/os ante cualquier foco de alarma que se encienda.

Finalmente, el tercero es el que rescata el criminalista Pedro Peñaloza6 en su diálogo con Carmen Aristegui, también en el programa del 19 de enero: el análisis sobre la sociedad mexicana. En sus participaciones, Peñaloza comparte información que, a mi parecer, trasciende las dos esferas previamente expuestas. Menciona que el 49% de los jóvenes entre 10 y 17 años sufren de violencia de las calles y medios de transporte, el 25% en sus casas, y el 13% en la escuela. Más allá de pensar en el sujeto, el criminalista aboga por pensar más en las condiciones circundantes a Federico. ¿Quién le dio el arma? ¿Qué contexto lo educó en medio de armas? ¿En dónde aprendió de asesinatos con tiros en la cabeza? ¿Sufría violencia en alguno de los espacios anteriores?

Y sobre este punto comparto mi aportación: estamos en un contexto permanentemente violento. Como previamente mencioné: la violencia es inherente al sistema en el que vivimos. Es poco lo que podemos hacer los individuos solos, porque terminamos cayendo en depresión o en cualquier otro tipo de trastorno psicológico. Y también es poco lo que pueden hacer las/os familiares y amigas/os, porque ni se tiene la capacitación para detectar conductas psicóticas ni se cuenta con el tiempo para hacerlo por estar buscando qué comer mañana (recordar que estamos en un país con la mitad de su población en pobreza7).

El sistema en el cual vivimos, el cual abarca lo social, político, económico, intrapersonal, interpersonal, racial, familiar, por mencionar algunas esferas, está cargado de miedos, imposiciones y represiones. No se puede negar la grandísima cantidad de casos que ocurren todos los días en cuanto a relaciones violentas, suicidios, crímenes raciales, detenciones arbitrarias, violencia familiar, feminicidios, homicidios, persecución política, exterminio y desplazamiento de poblaciones, y un larguísimo etcétera. Si me permiten la abstracción: todo proceso físico y biológico está determinado por los factores exógenos que lo envuelven. La energía y la materia que componen la realidad, y a nosotras/os mismas/os en ella, se moldean a partir de los contextos en los éstas se encuentran. Claro que si hay un sistema social con pensamientos violentos, sentimientos violentos, tránsito violento, trabajos violentos, relaciones violentas tendremos como resultado una sociedad violenta compuesta por personas violentas. Somos espejos de la realidad que nos rodea.

Y aquí entra la pregunta principal: ¿qué hacer? Bueno, existir es un proceso dialéctico, es decir, es un diálogo en el que dos realidades que interactúan se afectan mutuamente. La realidad nos afecta, pero nosotras/os también la afectamos a ella. El problema está en que cuando dialogamos de nosotras/os hacia ella estamos condicionadas/os por el miedo y la opresión que rigen el sistema, y esto nos impide expresarnos libremente. Es por ello que nosotras/os también reflejamos al sistema en nuestra conducta, en nuestras elecciones y en nuestros gustos. Son las instituciones las que amoldan nuestros pensamientos y sentimientos; nos condicionan y nos programan.

¿Qué instituciones? La supremacía, el racismo, la homofobia, la transfobia, la misoginia, la explotación humana/de la Naturaleza, la heteronormatividad, la gordofobia, el patriarcado, la guerra, la competencia, el especismo, el apego … Estos son los valores imperativos en nuestra sociedad y nuestra cultura. ¿Qué es lo que podría deprimir a un niño regio clase media de secundaria, crearle un trastorno psicológico severo, y hacerle disparar contra cuatro personas y contra sí mismo? ¡Toda la violencia cargada en este contexto! Súmenle que fue en Monterrey y que estamos en México. Sólo hay que ver las cifras de homicidios, feminicidios, crímenes de odio, actos de discriminación, acoso callejero, explotación laboral, desigualdad económica/social/política, contaminación, etcétera, que hay en esta ciudad y en este país para ver el lugar en el que estamos.

¿Qué podemos hacer entonces nosotras/os frente a estas condiciones? De entrada, aceptarlas. Son una realidad ya creada a partir de varios procesos históricos ajenos a nosotras/os que han tenido como fruto la sociedad que tenemos actualmente. Desigual y violenta, llena de privilegios y exclusiones. En segundo lugar, cuestionarlas. Tener la apertura de dialogarlas, confrontarlas, identificarlas en una/o misma/o. Es básico contar con la apertura para deconstruir algo que tenemos interiorizado, y más si fue inculcado en nosotras/os a partir del miedo. Y finalmente, y esto lo digo con toda contundencia, desaparecerlas. ¿Cómo? Bueno, en los tres niveles hay algo que se puede hacer:

  1. No ser así con una/o misma/o en primer lugar. Parar de ser gordofóbicas/os con nuestros cuerpos, de juzgar nuestros intereses y gustos, de valorarnos a partir de cómo nos ven los demás. Callar esa voz, ese superyó que permanentemente nos hace tener una relación violenta con nosotras/os mismas/os a través de la culpa y el juicio. Hemos de tratarnos con respeto, con honradez, con amor. Cuidar de nosotras/os, atendernos, ver por nuestros deseos e intereses. Darle valor y espacio en nuestra vida a aquello que nos mueve y que tiene significado para nosotras/os.
  2. En segundo plano, llevar esto a nuestras relaciones interpersonales. Parar ya con los chistes misóginos, parar ya con los chistes homofóbicos. Claro, eso en lo más superficial. Lo importante es que terminen los acosos callejeros, los feminicidios y los crímenes de odio contra personas LGBT+. Si en el primer nivel es para aceptarse a una/o misma/o como se es, el segundo es para aceptar a las/os demás. Es permitir que cada quien sea, libremente, como marca su propia esencia. Claro, siempre y cuando ésta no afecte el libre desarrollo de las demás personas. La libertad fluye en dos sentidos: uno individual y uno colectivo. Se tiene que ser libre remontándome al primer punto, hacia dentro de una/o misma/o, y se tiene que contar con un espacio en el que todas/os somos libres. Parafraseando a la feminista de la Revolución Francesa Olympe de Gouges, “no hay verdadera revolución si no se emancipan todas las personas oprimidas”.
  3. Y, finalmente, reflejar esto en nuestras instituciones sociales, políticas, económicas, familiares, educativas, etcétera. Reflejar la apertura, la diversidad, el diálogo, la cooperación, el respeto, la justicia y la libertad en aquello que como sociedad creemos (del verbo crear), sean gobiernos, comercios, trabajos, escuelas, leyes. Parar de discriminar a personas por algún aspecto físico, orientación sexual, religión o género. Parar de excluir a la gran mayoría de la población de las decisiones trascendentales de nuestra comunidad, tanto en política, comercio, trabajo, alimentación y educación.

Si hemos de trascender toda esta violencia, hemos de eliminarla en cada uno de estos espacios: con una/o, con las/os otras/os, y con todas/os. Somos diferentes, somos diversos; todas/os tenemos diversos intereses y desarrollamos diferentes talentos y habilidades. No hay por qué imponernos un tipo de cuerpo, orientación sexual, sentimiento o pensamiento. Hemos de descubrirnos a partir de nuestra propia autenticidad.

Si me permiten una segunda abstracción, ya para cerrar, comparto el pensamiento que los seres humanos no somos diferentes de las plantas. Cada una/o de nosotras/os tenemos una flor diferente, un fruto diferente, una hoja diferente. Para que esa planta se desarrolle, ha de estar en condiciones que le permitan crecer libremente. Y cuando muchas plantas diferentes interactúan, se mezclan y cooperan entre sí, crean jardines, selvas y bosques. Lugares llenos de diversidad, de paz, de belleza, de color: de vida.

Aspiremos como sociedad a ser eso: reflejos creadores de vida. A relacionarnos de manera armoniosa con nosotras/os mismas/os, entre nosotras/os y con la Naturaleza.

Sólo nos hace falta recordar quiénes somos.

Enrique David G. M.

Bibliografía:

1 Instituto Nacional de la Educación (2015). “Panorama educativo de México 2015”. Consultado en Instituto Nacional de la Educación el 19 de enero de 2017: http://www.inee.edu.mx/bie/mapa_indica/2011/PanoramaEducativoDeMexico/CS/CS01/2011_CS01__b.pdf

2 “Descartan nexos de agresor con grupos violentos” (19 de enero de 2017). Consultado en ELNORTE.COM el 19 de enero de 2017: http://www.elnorte.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?id=1027407&v=5&urlredirect=http://www.elnorte.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=1027407&v=5

3 Reyes, Daniel; Villasáenz, José (2017). “Era Federico aficionado a la cacería”. Consultado en ELNORTE.COM el 19 de enero de 2017: http://www.elnorte.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?id=1027536&v=7&urlredirect=http://www.elnorte.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=1027536&v=7

4 Redacción AN (2017). “Asesinato con suicidio, ‘lo más grave, lo más explosivo’: psicoanalista”. Consultado en Aristegui Noticias el 19 de enero de 2017: http://aristeguinoticias.com/1901/mexico/depresion-no-es-causa-suficiente-hay-que-investigar-quien-le-enseno-a-usar-arma-a-joven-psicoanalista/

5 Reséndiz, Francisco (2017). “EPN llama a trabajar en valores familiares”. Consultado en El Universal el 19 de enero de 2017: http://www.eluniversal.com.mx/articulo/estados/2017/01/19/epn-llama-trabajar-en-valores-familiares

6 Redacción AN (2017). “¿De qué valores habla EPN?: criminalista Pedro Peñaloza sobre lo ocurrido en Monterrey”. Consultado en Aristegui Noticias el 19 de enero de 2017: http://aristeguinoticias.com/1901/mexico/de-que-valores-habla-epn-criminalista-pedro-penaloza-sobre-lo-ocurrido-en-monterrey/

7 Redacción El Financiero (2014). “Aumenta número de pobres en México”. Consultado en El Financiero el 19 de enero de 2017: http://www.elfinanciero.com.mx/pages/asi-es-la-pobreza-en-mexico.html

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