Carta editorial: Por la libertad de prensa

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Por Consejo Editorial

 

En México nos hemos acostumbrado a que al momento de salir una noticia sobre violencia, corrupción o impunidad, la nota se publica sin el nombre de quien la escribió. Son varios los medios que durante años han tenido que recurrir al anonimato para poder salvaguardar a sus periodistas. Esto se ha convertido en una práctica recurrente y -en cierta medida- necesaria para sobrevivir en un sistema corrupto y controlado por grupos de poder represivos. Asimismo, es una práctica que pone en evidencia la restricción e incertidumbre en la que se desarrolla y produce el periodismo en nuestro país.

Sabemos y entendemos que sin la libertad de expresión no puede haber democracia, pues en una democracia es fundamental el debate y  la discusión entre  la clase política y demás integrantes de la sociedad en torno a temas de interés público. Las precarias condiciones de seguridad en las que operan los medios de información nos habla de la inestabilidad democrática en la que se encuentra México.  Es por ello que no podemos considerar como democracia a una sociedad donde se viola la libertad de expresión.

La verdadera prensa no puede convertirse en una rama del entretenimiento, en un medio para callar los rumores o disimular adversidades. La verdadera prensa existe para alzar la voz y hablar de todo aquello de lo que normalmente se queda en silencio. El compromiso con la verdad, la búsqueda y la denuncia son factores determinantes para ejercer la libertad de expresión y seguir con los valores fundamentales del verdadero periodismo. Pero mantener viva la verdadera prensa tiene un costo muy alto. ¿Qué podemos esperar de un país en donde en un año (2016) se registraron 426 agresiones contra la prensa? En donde reina la corrupción y la impunidad y la vida de quienes hablan de la verdad está en riesgo por no ponerse al servicio de las figuras de poder.

En Nueva Prensa, tenemos como misión exaltar y fomentar la libertad de expresión inteligente y crítica en nuestro equipo; hacer ver a  la comunidad estudiantil que no todo tiene que ser aceptado y digerido porque lo dice el sistema, al contrario, siempre hay espacio para el debate y la crítica. El periodismo no nace para mantener contento a nadie, el papel del periodismo es el de seguir cuestionando. Por eso, valoramos la iniciativa y el hambre de periodistas emergentes que buscan alzar la voz y hacer crecer la verdadera prensa.

Es por eso que cada año el 3 de mayo, Día Mundial de la libertad de expresión, hacemos una pausa para rendir homenaje a las y los periodistas que han perdido su vida en el cumplimiento de su deber, y  quienes pusieron primero sus ideales, plumas y cámaras antes que su propia vida. Hoy hacemos una pausa por Cecilio Pineda, colaborador de La Jornada, Ricardo Monlui, director del diario “El Político”, Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada y  de más periodistas que han dado la vida por exponer la verdad.

De esta manera,  nos manifestamos en contra de la censura, la violencia sistemática, la amenaza y el control por parte de los grupos de poder.

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