Aquí Entre Nos: Un respiro (temporal) para México

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC)

El triunfo del, ahora Presidente, Donald Trump, nos cayó a todos con balde de agua fría. Pese a que sus propuestas de campañas sonaban tan populistas como las de cualquier candidato presidencial latinoamericano ganó.

Pero bueno, así es como trabaja la democracia, que en el caso de la estadounidense no le da el gane a quien acumule más votos, sino al que más estados gana.

Conforme se hacía más real el triunfo de Trump, el peso se depreciaba cada vez más y más, pasando de 19.60 pesos, hasta superar los 20 pesos por dólar en cuestión de horas.

Es entendible que a la mayoría de las personas sea injusto que el precio del dólar suba tanto solamente por lo que unos inversionistas hagan, sin embargo hay una razón por la cual esto ocurre. Todos los mercados, y más el de divisas, se rigen a través de expectativas.

Los dólares, los pesos, y en general las divisas a final de cuentas son inversiones, y se rigen, al igual que cualquier otro bien, por la oferta y la demanda.

Cuando una persona invierte, es porque desea que su dinero le dé rendimientos. Con las divisas pasa algo parecido. Quienes compran una cantidad importante de divisas son las empresas y los inversionistas, ya sea para hacer transacciones en el extranjero o simplemente para obtener rendimientos.

En el caso de México, en noviembre del 2016, aquellos que poseían inversiones en pesos, tuvieron miedo a que la llegada del nuevo Presidente de Estados Unidos afectara sus ingresos, por lo que se apresuraron a asegurar el valor de sus inversiones en una divisa más segura (como el dólar) que les permitiera mantener su dinero a salvo, por lo menos, hasta que llegara el momento en que Trump asumiera la Presidencia.

Una apreciación acelerada del dólar respecto al peso nunca se ha visto con buenos ojos. Ni por el Banco de México (Banxico), ni por el Gobierno Federal ni mucho menos por los consumidores, ya que a todos les afecta.

Cuando el dólar aumenta, los precios de aquellos productos que sean importados (como los aparatos de cómputo) o cuyos insumos intermedios sean importados (como la gasolina), así como el nivel de las deudas adquiridas en dólares (como las que tiene actualmente el Gobierno Federal principalmente), aumentan, en detrimento del consumidor final, lo que se traduce en inflación y en amenaza al cumplimiento del objetivo de inflación de 3 por ciento (el cual ya se ha visto mermado en los primeros meses del 2017).

Bajo este difícil contexto, Banxico aumentó su tasa de interés 50 puntos base dejándola en 6.25 por ciento. ¿Esto es malo? No, ya que pese a que esta acción pretende restringir a la economía de forma que se adquiera menos deuda y el costo de la inversión de capital físico se encarezca, lo cierto es que permite a que tanto consumidores como gobierno sean más responsables, y una cosa muy importante para la tan anhelada estabilidad del peso: darle confianza a los inversionistas para que mantengan su inversión en pesos.

Pese a los intentos de Banxico por propiciar dicha credibilidad, lo cierto es que los factores que realmente le han dado un respiro a la moneda mexicana han sido mayoritariamente provenientes de los Estados Unidos.

Así es. Las acciones acomodaticias del ejecutivo estadounidense con respecto al Tratado de Libre Comercio calmaron a los mercados, ya que las palabras de Trump fueron más moderadas y, con el pasar del tiempo y las pláticas que se tuvieron entre ministros de México y Estados Unidos, se percibe que la negociación llevará, por lo menos, varios meses.

Además, analistas reconocen que a los Estados Unidos tampoco le conviene el acabar con este tratado, siendo éste el que le ha permitido a sus trasnacionales hacer atractivos negocios en México.

Por otro lado, la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) y su última decisión de política monetaria, la cual va dirigida hacia la normalización de la política monetaria estadounidense luego del 2008, fue muy buena para el peso mexicano, ya que horas después del anuncio, el peso mexicano se apreció un 2 por ciento. Actualmente el dólar se vende en poco más de 19 pesos.

Cabe a destacar que los mercados internacionales están ante la expectativa de lo que ocurra con el paquete fiscal de la Administración de Trump, en donde se espera (dadas sus promesas de campaña), que las tasas impositivas se reduzcan, en sus propias palabras, “para todo el mundo”, tanto para empresarios como para individuos.

Dado que las expectativas en los mercados es que la realización de esta reforma se lleve mucho tiempo (por lo menos, este año), lo cierto es que su puesta en marcha significaría una depreciación importante de nuestra moneda.

Eso sí, no hay que confiarnos ahora que el peso mexicano ha ganado un poco de terreno frente al dólar. Sigue siendo primordial observar el mercado de divisas, así como las decisiones que influyen en éste, ya que, al final del día, aquí es donde se determina la estabilidad del poder adquisitivo de todos los individuos.

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