Aquí Entre Nos: ¿Retroceso?

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC)

Esta es la segunda columna que escribo en la que citaré al Presidente, Enrique Peña Nieto, ya que  me parece importante analizar el trasfondo de sus palabras. Señaló, durante su ponencia en el marco del 88° aniversario del Partido Revolucionario Institucional (PRI): “hay riesgo de retroceso, al igual que hace seis años están resurgiendo las amenazas de la parálisis de la derecha o el salto al vacío de la izquierda demagógica.”

¿Retroceso? ¿En qué sentido? ¿Económico? ¿Social? ¿Qué hace el Presidente hablando con su partido como un militante más? Pues bien, si pensábamos que nos habíamos alejado de esos tiempos en los que la demagogia prevalecía sobre la necesidad de establecer proyectos sólidos de nación, estamos completamente equivocados, y es urgente que nos informemos más.

Desde siempre, las políticas económicas en México se ha condicionado a quien o quienes se encuentren en el poder. Por ejemplo, el PRI se perpetuó en el poder por mucho tiempo, por la relativa estabilidad económica para el pueblo, pero también por la creación de redes de amiguismos en donde se determinarían cargos públicos, instituciones a crearse y, lamentablemente, también los proyectos de nación que se seguirían.

Lo anterior lo vemos en épocas como ‘el Milagro Económico Mexicano’, que coincidió favorablemente con los cambios económicos estructurales gestados a nivel mundial, lo que ayudó a la consolidación de la industrialización en México entre 1940 y 1950, y con ello, a la consolidación también del PRI como partido hegemónico y sus gobiernos. No obstante, los siguientes gobiernos no correrían con la misma suerte.

Los siguientes gobiernos sólo se encargarían de emular desarrollo económico que no se estaba dando por sí mismo, con tal de legitimarse en el poder.Desde la sustitución de importaciones y la estabilización de la economía mediante un tipo de cambio fijo entre 1950 y 1960, hasta el alza disparada en el déficit fiscal y en la inflación, así como el aumento en el desempleo trajo consigo crisis económica.

Pues bien, hoy en día nadie puede saber a ciencia cierta si el regreso al PRI en el 2012 ha sido lo peor que nos pudo haber pasado, pero lo que sí sabemos es que en el aspecto económico las cosas no han salido muy bien.

Con respecto a las acciones del Gobierno Federal, digamos que sus acciones más icónicas son la Reforma Energética y la Educativa.  Por el momento no se pueden (ni se podrán ver en el corto plazo) resultados palpables producto de éstas (por más que el mismo gobierno lo quiera así).

Lo cierto es que sí eran muy necesarias, ya que es menester acabar con la ineficiencia de Pemex y la de los sindicatos que controlan la educación, sin embargo, los más escépticos también podríamos verlas con cierta desconfianza, ya que, si bien ambas declaran cosas importantes para generar cambios estructurales en los sectores energético y educativo, lo cierto es que nadie nos garantiza que, ahora sí, el estado de derecho prevalezca en su ejecución.

En cuanto a lo económico, el crecimiento durante estos 4 años ha sido modesto, y tal y ha ocurrido con los demás gobiernos, el sector industrial se ha dejado de lado (quizá abusando del ‘laissez faire’), al no apoyar a los sectores productivos de nuestro país e inclusive, orillándolos a no confiar en invertir en el país, tal y como se puede apreciar con el Indicador de Confianza Empresarial del Sector Manufacturero del mes pasado, el más bajo registrado desde el 2009.

Lejos de un retroceso, la oposición al partido en el poder podría ser idónea, dado que aquel que suba al poder en el 2018, deberá ser un gobierno capaz de generar confianza, deberá dejar de producir entre inversionistas, empresarios, académicos y población en general desconfianza e incredulidad. Un gobierno cuyos servidores no sólo vivan en función del número de elecciones ganadas ni vean a sus representados como simples clientes a los que hay que procurar cada 3 o 6 años, sino en función de las necesidades y demandas de sus representados.

El gobierno tiene que trabajar en conjunto con el sector productivo del país, por ejemplo, mejorando el entorno para hacer negocios al disminuir los trámites para arrancar un negocio propio, y sobre todo, trabajar tanto gobierno como sector productivo y la academia nacional en crear un proyecto económico capaz de identificar nuestras fortalezas y ponerlas al servicio de la generación de riqueza para toda la población.

En general, necesitamos un gobierno capaz de servir a la gente, no de “servirse de ella.” Que premie el mérito, y no al nepotismo y a la corrupción. Que incentive a la industria, y que a través de proyectos sumamente sólidos, concretos y sin restricciones sexenales pueda brindarle al país bienestar económico y social. Y si esto se da a través de la alternancia política, pues, ojalá y así sea.

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