Martes, 18 de septiembre de 2018

Aquí entre nos: ¿quién es quién rumbo a los debates presidenciales de México? (II)

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC) | 23 de marzo de 2018

Les contaba la semana pasada que el proceso electoral está por comenzar (30 de marzo). Pues bien, ahora toca hablar de la temática a abordar en el segundo debate presidencial: comercio exterior, migración e inversión, los cuales serán abordados el próximo 20 de mayo en Tijuana, Baja California.

Si bien política y gobierno están relacionados con la actividad económica, aunque sea de forma indirecta, estos tres temas están vinculados con la economía de forma directa.

Comencemos con comercio exterior y migración. Cualquiera que sea el candidato ganador, está claro que se las va a ver duras, por lo menos, de aquí a 2020 con relación a estos temas, ya que tendrá que negociar y mantener relación cordial con el actual Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Sí, sea quien sea el nuevo presidente tendrá que tratar con un presidente voluble e impredecible, porque su país es de gran relevancia para la dinámica económica de México.

Cerca del 30% del producto interno bruto (PIB) de México es atribuible a las exportaciones mexicanas. De ese 30%, casi el 80% va hacia los Estados Unidos. Cerca del 35% de las exportaciones manufactureras que van a Estados Unidos son de productos automotrices, pertenecientes al subsector manufacturero de equipo y transporte, el cual a su vez representa cerca del 11% del total de la actividad industrial.

Los estados que dependen más de la manufactura (particularmente por la industria automotriz y de autopartes de exportación) son Chihuahua, Coahuila, Aguascalientes, Puebla y Querétaro, por citar las más relevantes, cuyas actividades económicas totales, en suma, contribuyen al 13.5% del total de la actividad económica del país. He ahí la relevancia de los Estados Unidos para la actividad económica de México.

El próximo presidente tendrá que enfrentar, no solamente la renegociación del TLCAN (en caso de que se extienda más allá del 1.° de julio) y el condicionamiento de los aranceles al acero y al aluminio, impuestos recientemente por la Administración de Trump, sino también con el hecho de que, particularmente en este año, la actividad exportadora es de los principales motores de crecimiento de México, dado que la incertidumbre ha incidido en un tipo de cambio más caro, mayor inflación, mayores tasas de interés y menor del consumo privado y de la inversión física.

Con respecto a la migración, Trump es voluble, puede sacar el tema a colación en cualquier momento (en especial en 2020, cuando tenga que hacer proselitismo electoral), por lo que México debe implementar acciones inmediatas.

Cabe destacar que las remesas en muchos estados son indispensables para su sostén económico. Michoacán, Guanajuato, Estado de México, Puebla, y Oaxaca son los estados que reciben mayor cantidad de remesas en el país, sumando el 36% del total de remesas captadas por México. Vale la pena mencionar que en 2017 las remesas se incrementaron 6.71% de manera anual, ubicándose en 28 771.3 millones de dólares.

El problema de la migración recae en qué podría hacer México si gran parte de los migrantes son enviados de vuelta a nuestro país. La gran mayoría estarán en busca de trabajos bien remunerados y de oferta académica de calidad, además, su regreso sin lugar a dudas implicaría una caída en el poder adquisitivo de sus familias, ¿cómo hacer frente a ello? He ahí otro gran reto para la próxima administración.

Finalmente tenemos la inversión (productiva). Durante este sexenio la inversión ha presentado altibajos: en 2013 promedió una variación anual negativa de 3.4%, causada principalmente por la fuerte desaceleración económica del sector vivienda; entre 2014 y 2015 (en pleno mexican moment) la inversión se recuperó promediando un crecimiento anual de 4.1%, en tanto que en 2016 y 2017 volvió la tendencia a la baja con una variación anual negativa de 0.2%, debido, por un lado, a la incertidumbre alrededor de una posible presidencia de Donald Trump y sus acciones políticas contra México, como la renegociación del TLCAN, y por otro, por la disminución del gasto público en inversión física, con la finalidad de reducir el déficit del gobierno federal.

Lo que nos dice la inversión (o la no inversión) fija bruta es simple: si hay inversión, entonces la capacidad productiva de las empresas y de las personas se incrementa, por lo que la actividad económica crece. Caso contrario a lo que ocurre cuando no se invierte: se produce con lo que hay, por lo que la economía no puede crecer.

En síntesis, el próximo Presidente de México deberá de enfrentar múltiples retos: un contexto comercial internacional complejo en donde la tendencia va rumbo al proteccionismo, con Estados Unidos encabezando el movimiento y su posible entrada a una guerra comercial con China, la segunda economía más grande del mundo. Deberá de atender aquellos elementos en nuestra economía que expulsan a los mexicanos de sus lugares de origen hacia otros países, tales como la pobreza, el empleo mal remunerado, el acceso y la calidad de la educación deficientes, la salud, la nutrición, entre otras, además de atender a aquellos migrantes que regresen a México en busca de un empleo y educación para mejorar el bienestar propio y familiar. Asimismo, deberá de generar un entorno amigable, sin muchas trabas por parte del gobierno, para la inversión, ya sea nacional o extranjera, para potencializar la capacidad productiva del país para que este pueda crecer más allá del 2%.

 

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