Jueves, 13 de diciembre de 2018

Aquí Entre Nos: No basta con un TLCAN

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC) | 1 de octubre del 2018

De 2016 a la fecha, en México se han vivido momentos de mucha incertidumbre con relación a si el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) seguiría vigente o no, si conservaría su naturaleza trilateral o no, e incluso sobre si cambiaría o no su nombre. Los temas más álgidos en la renegociación han sido los relacionados con las reglas de origen para la industria automotriz, la cual es clave para el crecimiento económico de México, tanto por sus cadenas productivas como por las exportaciones que esta industria realiza.

Pues bien, parece ser que finalmente se alcanzó un acuerdo entre los tres países (faltaría analizar a detalle el texto final del acuerdo), lo cual le restará incertidumbre a México de manera significativa. No obstante, aunque el TLCAN es importantísimo para el crecimiento económico al país, al tener la mayoría de nuestras mercancías un acceso preferencial (hasta el momento) del mercado más grande del mundo, lo que quiero señalar en esta ocasión es que simplemente no basta con la apertura comercial y algunas reformas pro mercado para impulsar el crecimiento de un país. Al respecto, hace no mucho se le preguntaba al Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, por qué la economía mexicana no despegaba a un mayor ritmo de crecimiento; hecho al que respondió diciendo que: “era un misterio.”

Sólo para dar un poco de contexto, desde el 2000 al segundo trimestre del 2018, la economía mexicana ha crecido en promedio a una tasa anual de 2.2%, impulsada principalmente por el sector servicios, el cual ha crecido a una tasa anual promedio de 2.8%, mientras que el sector industrial ha crecido a una tasa anual promedio de solamente 1%. En este punto, es lógico pensar que la economía mexicana se ha ido desindustrializando con los años. En el mismo periodo de referencia, el sector servicios pasó de contribuir al 56.7% del PIB al 63.2%, en tanto que para el sector industrial la contribución se redujo, pasando del 36.6% al 29.2%.

Si bien la desindustrialización de un país no es en sí misma negativa, es importante considerar sus efectos para el caso mexicano.

El sector servicios hoy en día emplea al 61.3% de la población ocupada; se caracteriza por ser un sector en donde se concentran empresas pequeñas y micro, en donde muchas  son más susceptibles a ser informales y a pagar hasta dos salarios mínimos cuando mucho, hecho que no permite generar un mayor valor agregado para el país.

El sector industrial, por su parte, si bien genera un mayor valor agregado que el sector servicios al pagar mejores salarios y tener una mayor proporción de empresas formales, también enfrenta múltiples retos, que son los que precisamente tienen estancado su crecimiento. En primer lugar, aunque el valor agregado de la industria se ha incrementado, dicho incremento ha sido pobre. En 2003 el 41.3% de la manufactura mexicana que se exportaba provenía de contenido nacional y en 2016 dicho número se ubicó en 47.7%; es decir, en 13 años el valor agregado de la manufactura mexicana solamente se ha incrementado 6.4%.

Otro de los puntos débiles de la industria recae en la inversión productiva. Del 2000 a junio de 2018, la inversión fija bruta del país ha crecido a una tasa anual promedio de 2.4%. Dicho número, si bien no es alarmante por sí mismo, revela una situación que definitivamente lo es si observamos el desempeño durante los últimos 6 años y particularmente, del 2017 a la fecha. Desde el 2013 hasta ahora, esta inversión aumentó a una tasa anual promedio de solamente 1%, en tanto que en 2017 la inversión no creció. En la teoría económica, cabe recordar que el crecimiento económico no se da si no aumenta la inversión física, hecho que es alarmante aplicado para el caso de México.

Por tanto, considero que no basta con solamente contar con un TLCAN y con todos los otros acuerdos comerciales que México ha firmado. Si bien es un gran paso, ya que representa la oportunidad de mejorar el crecimiento económico potencial del país, creo que algunos hechos, tales como fortalecer las cadenas de producción de la industria mexicana, diversificar los puntos de exportación de las mercancías mexicanas o simplemente tomar acciones orientadas a reducir la corrupción y la inseguridad, así como a estimular la inversión y sentar las bases para generar las condiciones necesarias para la certidumbre de los inversionistas serían las acciones que se necesitarían aplicar para el caso de México. Esto contribuiría a que el día de mañana la economía mexicana se encuentre un poco más protegida ante choques externos, y así no estar a la merced de la voluntad de las decisiones irracionales y abruptas de un presidente extranjero.

 

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