Aquí Entre Nos: México, tenemos un problema

0

*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC)

¿Por qué a México no le va bien, económicamente hablando? No somos Venezuela, pero tampoco somos Noruega. Tenemos 55 millones de mexicanos en la pobreza, crecemos apenas un 2 por ciento y tenemos casi un 60 por ciento de nuestra población económicamente activa trabajando en la informalidad.

De ese 40 por ciento que permanece en la formalidad, el 47 por ciento solo ganan dos salarios mínimos. Sí. ¡Dos salarios mínimos! Eso fácilmente se te va pagando el camión (o autobús, o como tú lo conozcas) de la semana. ¿Y la comida? Ni hablar de cambiar de zapatos, ni mucho menos de mandar a tus hijos a una escuela que garantice su mayor movilidad dentro de la sociedad.

¿Qué está mal exactamente en esta sociedad? ¿El sector empresarial?

Los mexicanos llevamos sobre nuestras espaldas más de 60 años de decisiones erradas. Para ser más precisos: desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando en la década de los cincuenta los Estadounidenses regresaban a la actividad industrial. México, en vez de producir lo que mejor sabía hacer (esto es, detectar y aprovechar sus ventajas comparativas), prefirió cerrarse a la competencia internacional imponiendo aranceles para proteger a la industria nacional.

Para cualquier economista neoliberal esto sería retrógrada, pero hay que entender el contexto antes de continuar: las empresas mexicanas comenzaban a trabajar, a generar empleos y riqueza para el país, por lo que la protección implicaría que, mientras tienen protección, estas podrían desarrollarse, ser eficientes y finalmente incorporarse a la dinámica económica internacional.

Sin embargo, sobra decir que esto no funcionó, porque lo anterior provocó que las empresas no eficientaran sus procesos productivos. Por eso no es de extrañarse que, luego de darse la apertura comercial en 1986, muchas empresas quebraran.

Entonces, ¿la culpa es del Gobierno? Sí y no. Sí, visto y considerando que este protegió de más a las industrias. Entonces, ¿la solución es la apertura comercial? Pues, depende. ¿De qué?

Tras la apertura comercial gradual iniciada en 1986 con la entrada al GATT y su culminación en 1994 con el TLCAN, podemos ver que, más que estar interesado en echar a andar a los sectores económicos productivos con estrategias firmes, los gobiernos estaban desesperados por ‘pasarle la pelotita’ de la política económica a alguien más.

Se priorizó la entrada de capitales de corto plazo (uno de los principales detonantes del “Error de Diciembre”), así como a la inversión extranjera directa. Luego del TLCAN la industria de la maquila cobró una gran preponderancia dentro de las exportaciones no petroleras.

Y sí, generaban empleos, solo que con dos detalles: 1) el trabajo generado no aportaba buenos salarios a quienes lo desempeñaban, dado que los trabajadores tenían bajo nivel educativo), y 2) para funcionar, estas industrias necesitan de materia prima importada.

Hoy en día, los mexicanos no somos dueños de nuestro propio destino. Si a México le va mal, no es necesariamente porque nosotros estemos mal, sino porque Trump dijo esto, Merkel dijo aquello, que si los británicos se salieron de la Unión Europea. ¿Por qué nos tendría que afectar esto?

Simple: porque mientras no tengamos una base productiva sólida, nuestra suerte dependerá de la de los demás. Producir, sí, pero tal y como lo dice el Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC), con insumos nacionales, reduciendo el déficit comercial, y diversificando las exportaciones.

¿Cómo lograr esto? En palabras del Dr. José Luis de la Cruz, “con un proyecto productivo que busque fortalecer el mercado interno, a través del sector industrial”. Y ya que señalamos la necesidad de un proyecto productivo, cito las palabras de mi profesor de Comercio Internacional, el Dr. José de Jesús Salazar, en torno a ello: “la política industrial mexicana debe de dirigirse hacia las industrias en donde exista ventaja comparativa en los estados y que se puedan integrar al comercio internacional”.

Y de aquí surge una imperiosa duda, ¿existe dicho plan? La respuesta es no, o al menos no que se sepa. Cada año se anuncia con bombo y platillo un Paquete Fiscal que siempre suele recortar gasto productivo e incrementar el corriente (o sea, el burócrata), por lo que (bien o mal) tenemos Política Fiscal. Asimismo, Banco de México (Banxico) nos tiene al día con sus decisiones de política monetaria.

Pero, ¿qué hay de la política comercial? A mi parecer, esta debería ser la base de las dos anteriores, porque mientras la fiscal estimula (o desestimula) a la economía y la monetaria la estabiliza, la política comercial debería de indicar el camino a seguir en materia económica.

Si no, ¿cómo hacer frente a Trump? A China. Al Brexit. A la Fed. En general, ¿cómo nuestra economía hará frente a las externalidades del exterior? Ya quedó claro que la incentivación a la inversión directa extranjera no es la solución mágica a todos nuestros problemas.

La solución tampoco es aumentar la tasa de interés hasta que la inversión directa nacional reviente y dicho aumento sea insuficiente para calmar el hambre de los inversionistas extranjeros. La solución está en apoyar a los nuestros. En ser inteligentes, identificar e invertir en los sectores claves de nuestra economía. Ahí está la solución. El chiste es querer darse cuenta de ello, salir de nuestra zona de confort y comenzar a trabajar en ello de verdad.

Todos los comentarios son revisados previo a su publicación. No serán aprobados los comentarios que contengan ataques y ofensas personales; agresiones racistas, sexistas o discriminatorias en general; ni publicidad o spam.