Aquí entre nos: los nacionalismos no rifan

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC)

Así es, no al menos en términos económicos. Y no porque su definición conceptual sea errónea, al contrario, creo que es sumamente justo que los pueblos tengan autodeterminación y puedan regir sus destinos sin depender de los demás, con completa soberanía, defendiendo sus ideales de nación. Sin embargo los nacionalismos tal y como los conocemos ahora más que unir dividen y más que significar un mejor futuro para todos no necesariamente lo es así. La pregunta es, ¿por qué?

Bueno, más allá de que casi siempre éstos están a cargo de políticos y demagogos sin proyectos claros de nación y que solamente repiten lo que la gente quiere escuchar en el momento en que lo necesita (como aquella frase de ‘pan y circo’), es que la idea de un país aislado, solito, que no dependa para nada del mundo es técnicamente imposible hoy en día porque hoy en día todos dependemos de todos. Todos. Nadie es autosuficiente en este mundo.

Actualmente podemos tener múltiples ejemplos apoyando lo que digo. En verano de 2016 el Reino Unido se separaba de la Unión Europea, porque su ministro, James Cameron, había prometido a su pueblo convocar a un referéndum y votar si el Reino Unido se quedaba o no en la Unión Europea. Ganó el sí. ¿Qué pasó después?

Pues bien, los efectos inmediatos se vieron en la depreciación de la libra esterlina con respecto al euro, la cual ha perdido desde entonces a la fecha cerca del 14 por ciento de su valor, lo cual se traduce en un incremento en los costos de producción de empresas que dependan de insumos vendidos en euros. Esto ha provocado que la inflación se incremente, que aunque no a niveles preocupantes, si es una señal de las consecuencias del Brexit.

Segundo, la postergación (y consecuente disminución) de la inversión realizada por las multinacionales en suelo británico. ¿Por qué? Simple, para muchas empresas son atractivos los beneficios de que los países en Europa pertenezcan a la Unión Europea, porque así es más sencillo, por ejemplo, trasladar bienes de un punto a otro sin necesidad de pasaportes o permisos especiales, e incluso la contratación de personas. Aunque no lo parezca, en caso de que el Brexit se materialice será mucho más difícil para un británico trabajar y trasladarse de un país a otro.

Incluso varias multinacionales, como Citigroup, analizan la factibilidad de trasladar su sede que actualmente se encuentra en Londres a otra ciudad dentro de la Unión Europea. Pues bien, la economía del Reino Unido es una de las más débiles dentro de las principales economías del mundo, pues la inversión y el comercio se han visto afectadas negativamente luego del referéndum.

Veamos el caso más popular actualmente: Cataluña. Desde hace tiempo se rumoraba que Cataluña, al igual que Escocia del Reino Unido, se separaría de España. Aunque los motivos de los catalanes a simple vista tendrían más sentido que los de los británicos, en la realidad tampoco pueden darse el lujo de separarse de España. SÍ, producen el 20% del producto interno bruto español, pero ellos tienen algo que Cataluña no tiene: el reconocimiento internacional. Antes de que se anunciara la independencia de Cataluña, la bolsa de valores de España, la IBEX 35, sufrió pérdidas por varios días consecutivos ante la incertidumbre de lo que ocurriría en Cataluña. Cuando Puigdemont anunció la independencia de Cataluña, múltiples multinacionales decidieron cambiar su sede hacia Madrid, España, ya que necesitan de la certidumbre jurídica para cumplir con sus metas y obligaciones.

Y ya por último, Estados Unidos. Si bien a ellos no les ha ido mal por el momento, lo cierto es que decisiones como su salida de la UNESCO, del TPP, del Acuerdo de París, sus deseos por salir del TLCAN, entre otros asuntos están provocando que se aisle poco a poco de las demás naciones de la reconfiguración del comercio internacional, dejándole el camino libre a otras economías como China o la Unión Europea para incrementar su comercio y su economía.

En resumen, mientras los sentimientos de cada nación por autodeterminarse en todos los sentidos no tenga un rumbo claro y no considere los costos económicos de ello y las alternativas para procurar el bienestar de una sociedad entonces simplemente transitaremos a ideas que suenan bien en el papel, pero no en la realidad.

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