Aquí entre nos: los gringos no tienen la culpa de todo

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC)

Desde que Donald Trump comenzó a asomar interés por convertirse en precandidato a la presidencia de los Estados Unidos por parte del partido republicano comenzó a acosar a México como típico bully de escuela. La cosa empeoró cuando se convirtió en candidato, y peor aún, en presidente de Estados Unidos, porque esto se comenzaba a materializar en amenazas reales para nuestro país.

El peso se depreció frente al dólar, lo que aunado a la posibilidad de que la Fed incrementara su tasa de referencia, incrementó la tasa de referencia de México. El gasolinazo en enero puso de cabeza a medio México y, por supuesto, subió la inflación hasta la fecha, disminuyendo con ello el consumo y la inversión física. Y ni hablar de los dos sismos que afectaron a las regiones centro y sur del país, que vino a añadirle más carga a la situación convulsa de México.

Uno pensaría seguramente con esto que el crecimiento económico del país va de mal en peor por culpa de los Estados Unidos; sin embargo, nosotros también tenemos la culpa de ello. ¿Por qué?

El PIB se contabiliza por el lado de la oferta o la demanda agregada. Por el lado de la demanda nos encontramos con la clásica formulita de: consumo privado + inversión física + gasto de gobierno + exportaciones netas (exportaciones – importaciones). Ahora, ¿cómo se ve esto en la economía mexicana?

El consumo privado se compone del consumo en bienes durables, servicios y bienes de importación y representa 5 de cada 10 pesos del PIB, además de que ha crecido en promedio alrededor de 3% anual en los últimos meses. Las exportaciones han mostrado un desempeño sumamente bueno, pese a las amenazas de Trump, con un crecimiento promedio de 7% anual, y representa alrededor del 26% del PIB.

Sin embargo, si nos vamos al lado de la inversión física (que permite a las empresas expandir sus industrias, producir más, generar empleo y riqueza) el escenario es otro. En lo que va de este año la inversión solo ha disminuido. El gasto de gobierno resulta una parte modesta en comparación a los otros componentes para la economía mexicana, dado que contribuye al 8% de la economía, pero sin duda si a esto le va mal y a la inversión también, es claro que se va a disminuir el crecimiento observado.

Y por el lado de la oferta la cosa se ve menos bien. Al sector agrícola no se le presta mucha atención, dado que su producción -y relevancia en el PIB- pasa inadvertida. Pero ¿qué ocurre con lo demás? Si observamos el crecimiento del sector industrial, podemos constatar que la industria manufacturera es la que impulsa al sector, pero que este se ve afectado seriamente por el desempeño negativo de las demás industrias (minería, energía, construcción). Y eso porque algunas de las industrias manufactureras más relevantes (alimentaria, automotriz) están creciendo, porque en otras también se observa una tendencia a la baja.

Al sector al que mejor le va es al terciario, que a su vez aporta 6 de cada 10 pesos a la economía mexicana, gracias al desempeño favorable que casi siempre presenta el comercio. Claro, si no hay factores que lo perjudiquen como la inflación e incrementos en el costo de los créditos -como pasa ahora-.

¿Cuál es el problema con todo lo anterior? Si algo ocurre en Estados Unidos que represente una amenaza a los intereses de México (como un tweet de Trump) sube el dólar, hay peligro de que suba la inflación, sube la tasa de referencia, baja el consumo, la inversión física y la actividad económica se afecta en su conjunto. Pero ¿por qué pasa esto?

Hemos dejado de hacer nuestra tarea. Creímos que el TLCAN era en sí misma un fin para el desarrollo económico de México cuando en realidad era el medio para ello. El comercio internacional es muy bueno, claro, si ambas partes aprovechan sus ventajas comparativas. México tiene cerca de 12 tratados de libre comercio, pero solo uno es enormemente explotado: el TLCAN. Prueba de ello es que cerca del 80% de nuestras exportaciones van hacia Estados Unidos. Nuestro aprovechamiento del TLCAN radica en los bajos salarios que perciben los mexicanos, cosa que ha sido criticada por los propios Estados Unidos y Canadá y que claro, es atractivo para las multinacionales a costa de la precarización del mercado laboral.

Otro problema a destacar es el bajo valor agregado de las exportaciones mexicanas. México exporta autopartes, automóviles, aparatos electrónicos, sin embargo, muchos de sus insumos son importados. O sea que, si los precios de éstos se incrementan vía depreciación del peso, aumentan sus costos de producción.

En sí mismo el comercio internacional no hace milagros. México debe de preocuparse por reactivar su capacidad productiva, incentivar a la creación de empresas, de empleo productivo, de fortalecer a la industria, porque la economía ahora pende de un hilo. Está a expensas de lo que ocurra en el exterior y no debe de ser así, porque a la final quienes son perjudicados no son ni los grandes empresarios o los servidores públicos, sino la gente, la clase trabajadora que cada vez trabaja más para ganar cada vez menos.

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