Jueves, 13 de diciembre de 2018

Aquí entre nos: la sombra de una duda (I)

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC) | 9 de febrero de 2018

Al fin llegó el momento, para algunos tan ansiado, para otros no tanto. Llegó finalmente el 2018. Cerca de 350 millones de latinos elegirán representantes en este año, y México no es la excepción. Con 3 400 cargos de elección popular en disputa en 30 de los 32 estados de la república mexicana, las elecciones de 2018 se perfilan como las más grandes de la historia moderna de México. Por solo citar un ejemplo, en Nuevo León se elegirán diputados locales, federales, senadores, alcaldes y presidente. Sin lugar a dudas es un tema que dará mucho de qué hablar en el primer semestre del año.

Al mismo tiempo, en el ámbito económico, en 2018 México enfrenta una situación complicada, ya que se espera que sea la única economía en toda Latinoamérica que experimente una desaceleración en su crecimiento. ¿Por qué?

Las razones son numerosas, así que trataré de mencionarlas lo más precisa y rápidamente posible: primero, el consumo se desaceleró hacia la segunda mitad del 2017 debido al encarecimiento del crédito y a los altos niveles de inflación que se observaron a lo largo del año gracias a los efectos de la depreciación del peso mexicano sobre los precios de los bienes y a los incrementos en los precios de los energéticos.

Segundo, la inversión directa se estancó a lo largo del año, debido a diversos factores, como las reducciones en el gasto público que se tradujo en inversión pública, las altas tasas de interés que encarecen la inversión y la incertidumbre generada por la renegociación del TLCAN, cuya primera ronda inició hasta el mes de agosto y comenzó a dar ligeras señales de un tono más positivo por parte de los negociadores estadounidenses hasta pasada la quinta ronda en noviembre.

Tercero, la actividad industrial (claro, excluyendo a la industria manufacturera, que por cierto también mostró síntomas de desaceleración hacia la segunda mitad del 2017), que registró tasas de crecimiento negativas a lo largo del año pasado por el pobre desempeño de la minería (por culpa de la reducción de la producción de Pemex) y los resultados, en su mayoría negativos, de la construcción (por culpa de los ya mencionados recortes en gasto para inversión pública, además de la incertidumbre y la débil demanda residencial).

Lo positivo del año que pasó fue el desempeño de la industria manufacturera y del sector externo, sin embargo, ambos peligran ante la incertidumbre derivada de la renegociación del TLCAN, además de que dependen de la demanda de bienes por parte de los Estados Unidos.

Entonces, ¿a qué le tira México en 2018?

Este año no viene fácil para México. Tanto las elecciones de 2018 como la renegociación del TLCAN mantendrán ocupados a los mercados por lo menos durante el primer semestre del año. Esto se traducirá (dependiendo de si se materializan o no sus expectativas) en volatilidad en el tipo de cambio y, a su vez, en una amenaza para la estabilidad de precios y la consecuente convergencia de la inflación a su nivel objetivo entre el 2% y 4%.

Pero, ¿cuáles son las expectativas para el mercado? ¿Serán las mismas que las de los mexicanos de a pie? El mejor escenario posible para los mercados (dadas las implicaciones que este tendría sobre el tipo de cambio, la inflación y la tasa de interés mexicana, respectivamente) sería uno en el que el TLCAN se resolviera finalmente lo mejor posible para las tres partes (EU, Canadá y México) y en el que las elecciones federales mexicanas se resolvieran a favor de un candidato que no implicara un cambio drástico en la estructura económica actual del país.

Si bien es seguro que las expectativas del mercado no necesariamente son las mismas que las de los mexicanos de a pie, lo cierto es que un cambio en ellas puede implicar mayor incertidumbre, la cual se traduciría en un tipo de cambio, inflación y tasas de interés altas, que a su vez afectarían aún más las ya afectadas variables macroeconómicas que le dan cuerpo a nuestra economía (consumo e inversión).

Finalmente, ¿sería malo que los escenarios esperados por los mercados para México no se cumpliesen? Pues bien, por parte del TLCAN, una ruptura de este sí tendría implicaciones negativas para la economía mexicana, pues cabe recordar que cerca del 23% de nuestro PIB depende de las exportaciones que van hacia Estados Unidos. Es seguro que la ruptura del TLCAN no implicaría la ruptura de la relación comercial de México con Estados Unidos, pero el incremento en precios haría un poco menos competitivos a los productos mexicanos, y peor aún, encarecería los bienes consumidos en México, lo cual sí afectaría directamente al consumo por un incremento en la inflación.

Con respecto a que las elecciones federales se resolvieran a favor de un candidato que no está a factor de lo ya establecido en materia económica por la administración anterior (como la reforma energética) también traería problemas en el corto plazo, porque se reduciría la inversión extranjera en el país.

No obstante, también valdría la pena ser un poco más críticos y pensar, ¿realmente le conviene al país mantener la estructura económica actual o valdría la pena cambiarla? Y más importante aún, ¿existe la forma de lograrlo mediante el sufragio o hace falta más que un simple voto para ello? Pues bien, feliz año 2018 (?).

 

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