Miércoles, 19 de septiembre de 2018

Aquí entre nos: esto es lo que hay

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC) | 27 de abril de 2018

Esta es la última columna que escribiré con motivo del periodo electoral. Han pasado 27 días desde el inicio de las campañas electorales para la Presidencia de la República y dado que gran parte de las publicaciones que realizo en mis redes sociales son sobre política y de economía, algunos amigos míos me han preguntado sobre cuál es el candidato o candidata que considero mejor para votar este 1.° de julio. Pues bien, ha llegado el momento para responderles a ellos y a ustedes. La verdad es que no me inclino aún al 100% por absolutamente nadie. Por una u otra razón no me puedo convencer por completo por el proyecto de nación (si es que lo hay) de ninguno de los candidatos. Algunas de mis inquietudes que no veo plasmadas (o al menos detalladas) en las propuestas de ninguno son:

  1. La política económica que México seguirá en un contexto global y doméstico complejo

Como lo dije en una columna previa, el próximo o la próxima presidenta de México enfrentará un contexto sumamente complejo en materia de comercio exterior, migración y de política exterior. En medio de una economía globalizada, en un momento en donde México depende de sus exportaciones para apuntalar su crecimiento económico en un contexto donde el consumo privado se encuentra desacelerado y el consumo de gobierno y la inversión física no crece, hay que ser cauteloso con propuestas que alienten al proteccionismo en vez de que busquen incrementar la productividad y las habilidades técnicas y científicas del país. Hoy en día nuestra economía está entrelazada entre sí, y sería mucho más costoso para el crecimiento del país romper los lazos existentes con otras naciones que tratar de sacar provecho de ellos.

  1. El problema de la inseguridad

La inseguridad es un problema que nos afecta a todos, aunque no nos hayan afectado física o emocionalmente aún a causa de un hecho violento. Afecta a la actividad económica, destruye familias, rompe lazos afectivos y está desintegrando a nuestra sociedad. Es claro que la política de seguridad que se ha ido implementando en los últimos doce años ha fallado terriblemente, provocando que millones de mexicanos mueran.

En un punto en el que coincido con algunos candidatos (algunos, porque casi nadie está abordándolo) es que, aunado a una política que combata al crimen y la desarticule para que dejen de generar violencia, es preciso que los huecos de la impunidad se sellen por completo, de la mano con políticas que trabaje con los mexicanos desde su niñez para brindarles verdaderas oportunidades de desarrollo que les provea una forma digna de vida, a la vez de trabajar con el fortalecimiento del estado de derecho. A la fecha ningún candidato ha propuesto acciones concretas para lograrlo.

  1. La desigualdad y el acceso a las oportunidades

Vivimos en un país desigual. El acceso a oportunidades es desigual dado que hay amplios segmentos de la población que no pueden salir de su pobreza por falta de acceso a educación de calidad, de crédito, de medios de transporte, de formas de ejercer sus derechos, de acceder a la protección de la ley, al libre desempeño de un oficio, el que quiera.

Esta falta de oportunidades sigue perpetuando la pobreza en este país, volviéndola presa fácil de asistencialismos y discursos huecos que polarizan todavía más a la población mexicana. El siguiente gobierno deberá tener listo una serie de políticas públicas para combatir lo más posible algunos de los tantos determinantes de la desigualdad. De no lograrse, la inestabilidad social continuará y la inseguridad continuará siendo uno de las tantas manifestaciones del descuido de los mexicanos marginados del desarrollo económico del país.

  1. Corrupción y estado de derecho

¿Con qué autoridad moral un presidente que ha sido corrupto y que no ha sido castigado por ello le habla a sus ciudadanos y al exterior sobre el respeto al estado de derecho, sobre el cumplimiento de la ley? La corrupción no solamente trae consigo, de acuerdo al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, una reducción en el crecimiento potencial del país, sino que permea en la conducta social de las personas.

Como Russeau señalaba en El Contrato Social, la gente acepta ciertas reglas sociales para vivir en armonía. Si bien podemos estar de acuerdo en que nadie vive armónicamente en un país plagado de corrupción, tampoco podemos negar que también nosotros aceptamos el contrato al no exigirle a nuestros gobernantes que renuncien ante casos tan obscenos de corrupción, pero sobre todo, al actuar también de manera corrupta, al pasarse un alto, al descargar ilegalmente un material con derechos de autor, al meterse en la fila, etc.

El próximo presidente tendrá que trabajar muy duro para ganarse la confianza de sus representados actuando con total rectitud y castigando firmemente los casos de corrupción y aplicando la ley de forma equitativa en todos.

En estos momentos es sumamente fácil polarizar la opinión pública entre buenos y malos. Hacernos decidir entre aquellos políticos capaces de conducirnos directo al apocalipsis y entre los que nos conducirán al paraíso. Entre los que son capaces e ignorantes. Ocurrentes y técnicos. Etcétera.

Entonces, ¿cuál es la solución? ¿No votar? No. Eso, a mi parecer, es lo peor que podríamos hacer. No podemos dejar que alguien más elija por uno. Hay que ser lo más críticos posible con todos los candidatos que tenemos a la mano. Esto es lo que hay. Pero eso sí, votemos con la razón y no sólo con el corazón. Y sea cual sea el resultado, nuestra responsabilidad ciudadana será vigilar el actuar del próximo gobierno y exigir que todo aquello que se prometió que le sirve al país se cumpla y que no sólo quede en una mera campaña publicitaria.

 

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