Aquí entre nos: ¿es realmente la economía una ciencia social?

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC)

Debo confesar que, cuando escogí qué carrera estudiar, hace poco más de tres años, deseaba mucho estudiar una ciencia social, porque me encantaba la historia y la política, me interesaba estudiar los problemas de México, pero sentía que ninguna carrera llenaba mis expectativas. Economía fue la última de mis opciones y la que terminé eligiendo, a pesar de no saber ni siquiera lo básico, tan solo tenía una ligera idea de ello.

Mi ideal era (y sigue siendo) comprender la dinámica social de México, las decisiones de los individuos (o sea, porqué actuamos como actuamos) y las herramientas para descubrir los problemas que aquejan al país, y no solo eso, sino también cómo resolverlos.

Sin embargo, pasaron los semestres y me comencé a preocupar más por pasar las materias que cualquier otra cosa. Llegué a sentir algunas veces que no tenía sentido tanta teoría que ni siquiera se iba a cumplir por nuestra innata irracionalidad (y por ende, que no valía la pena sufrir por ellas). Pero sobreviví y, posteriormente, logré verle el sentido práctico a todo lo visto en mis primeros cinco semestres.

Sin embargo, es en esta etapa cuando comienzo a observar en algunos compañeros la ‘normalización’ de los problemas que tanto critiqué en el pasado, y no solo en ellos, también en mí.

“Los salarios en México son bajos porque no somos productivos”. “Asia es más competitivo que México, por eso han quebrado (y quebrarán) muchas compañías, porque ni identifican ni explotan sus ventajas comparativas”. “Es bueno que el peso se deprecie, para que nuestros productos en el exterior sean más competitivos” y muchas otras frases que he escuchado a lo largo de mi carrera. Y todo es cierto, según la teoría económica, lo malo es cuando la cuestión solo queda en eso, en decir qué y porqué está mal, pero no resuelve la problemática. Entonces, ¿qué hacer?

Los indicadores socioeconómicos son un insumo sumamente necesario para el economista, porque nos permiten comprender determinado fenómeno y emitir recomendaciones al respecto, tanto al sector privado como al público. Estos son insumos para regresiones, correlaciones, gráficas y muchos otros métodos de análisis estadístico que nos ayudan a comprender qué es lo que ocurre en nuestra sociedad. Claro, sin olvidar considerar y contrastar la pauta marcada por investigaciones previas (si las hay).

Es importante que la ‘normalización’ de las problemáticas que afectan y son injustas para las personas no se dé, sino que tales problemas sean explicados desde la más pura teoría económica, para luego ser contrastados por la evidencia empírica y buscar su solución de la forma más eficiente posible.

Y no es que seamos insensibles o inhumanos, como las demás ciencias sociales creen (aunque a veces algunos colegas solo ayuden a contribuir en el mito), sino les pido que, de manera interdisciplinaria, comprendamos los fenómenos. Que si bien el economista puede entrarle al asunto desde el análisis estadístico, el abogado lo hace desde el enfoque legal, el sociólogo desde su enfoque y así sucesivamente. Todos en algún momento nos hemos casado con nuestra profesión, la cuestión es no cerrarse a ella creyendo que ahí encontraremos la verdad absoluta y analicemos los problemas desde nuevos enfoques.

 

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