Aquí entre nos: el problema de la industria

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC)

En medio de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norte América (TLCAN), el cual es un acuerdo comercial que integra el comercio entre los Estados Unidos, Canadá y México y que desde 2016 fue visto por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, como el peor tratado comercial que haya firmado su país, vale la pena preguntarse: ¿en qué medida México ha sabido aprovechar el potencial de este tratado?

Si tuviera que argumentar si el TLCAN ha sido beneficioso para México, me remitiría inmediatamente a citar las cifras de exportaciones, las cuales han crecido en promedio 10.4% en los últimos 23 años y su contribución en el producto interno bruto del país ha pasado de 13% en 1994 a cerca de 30% en el segundo trimestre de 2017. Por tanto, el sector externo es necesario en el país dadas las condiciones actuales.

No obstante, si tuviera que criticar el modelo exportador que ha seguido México de la entrada en vigor del TLCAN a la fecha no sería necesariamente la dependencia que las exportaciones mexicanas tienen del consumo privado estadounidense, ya que en promedio el 80% de nuestras exportaciones van hacia ese país, ni que el sector externo sea sensible ante una caída en la demanda externa de bienes mexicanos, ya que esto es algo inherente a los principios de la oferta y demanda de los mercados, sino la falta de capacidad de la industria mexicana de hacer frente al nuevo modelo. Es decir, pasamos de un modelo proteccionista a un modelo exportador-importador.

Para describir lo que está mal en el aparato productivo del país, mencionaré algunos datos sobre la industria mexicana. La actividad industrial está compuesta por cuatro sectores: el minero (que contempla la actividad de extracción petrolera y minera), el de generación y distribución de energía, la construcción (de obra pública y privada) y la manufactura.

En los últimos tres años, de todas las actividades, la única que mantiene un crecimiento sostenido es la manufactura, en tanto que la minería se encuentra en recesión y la construcción y la generación y distribución de energía tienen variaciones mixtas y generalmente modestas en su crecimiento, ya sea por falta de inversión pública, por incremento en sus costos, entre otros motivos.

Mientras tanto, la manufactura es la actividad que, de cierta forma, le da oxigenación a la actividad industrial, ya que esta representa cerca del 53% del total de la actividad industrial. Ahora, la pregunta es ¿cómo lo hace?

Al interior de la industria manufacturera, existen 21 industrias conviviendo entre sí, con comportamientos y contribuciones mixtas a la industria. Mientras la industria alimenticia, de equipo de transporte o electrónica crecen sostenidamente y en algunos casos, crecen más que la industria en su conjunto (como ha pasado con el equipo de transporte en lo que va de 2017), existen otras que, pese a su poca relevancia individual en su contribución en la actividad industrial, en conjunto disminuyen el crecimiento de la industria. Por tanto, tenemos que, para que le vaya bien a la industria, le tiene que ir bien a sus industrias estrella (industria alimenticia, química, de equipo de transporte, electrónica).

Sin embargo, hay un problema. Si a una de ellas (o más) le va mal, a la manufactura le va mal y por ende, a la industria en su conjunto también, lo que debilita a la economía nacional. La actividad más constante es la alimenticia, al registrar pocas caídas en su crecimiento en 23 años y registrar un crecimiento promedio de 2.35%.

La más débil entre las fuertes es la industria química, la cual, a pesar de ser una de las industrias que más contribuye al PIB, ha entrado en caídas en su producción por periodos prolongados y casi consecutivos, por lo que tan solo promedia un incremento de 0.91% en su producción durante 23 años. Las más fuertes parecen ser las de equipo de transporte y de equipo de computación, al registrar en 23 años incrementos en su producción de 7.12% y 6.45%, respectivamente. Sin embargo, también tienen un problema serio, y es su dependencia con el exterior.

Esto es muy notorio en la composición de exportación de bienes de equipo de transporte, la cual contribuye con cerca del 75% de las exportaciones totales. Si la demanda externa responde de manera favorable, entonces a la industria mexicana le va bien; y de forma contraria, si la demanda externa se debilita, se aprecia el peso frente al dólar o surge una amenaza contra la industria, ya sea de dentro o fuera de México. Por ejemplo, el arribo de Trump a la Casa Blanca.

En este punto me gustaría agregar el hecho que la industria de equipo de transporte mexicana tiene que importar sus insumos intermedios para poder ensamblar los bienes que luego se pondrán a la venta para satisfacer tanto a la demanda interna como externa, por lo que no es raro ver que, a inicios 2017, mientras todas la mayor parte de las industrias sufrían el incremento en costos derivado de la liberalización de los precios de los hidrocarburos, el sector de equipo de transporte presentara incrementos en sus costos ligeramente por encima del 2%.

¿A qué quiero llegar con todo esto? La dependencia de los sectores industriales preponderantes en la economía del país es un tema importante que considerar frente a la renegociación del TLCAN. En México aún no se ha explotado todo su potencial, lo cual debería de hacer a través del incremento en la productividad de las empresas, del incremento del contenido nacional de las manufacturas que se exportan y de la diversificación del comercio internacional aprovechándose los tratados que México tiene vigente con el extranjero.

Definitivamente la coyuntura internacional ha permitido debatir este tema abiertamente. La cuestión ahora es definir si México sabrá aprovechar sabiamente la coyuntura o si, como en 1994, se dejará todo a merced del mercado, quien en ocasiones no toma las decisiones que más le convienen al país en el largo plazo.

 

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