Viernes, 16 de noviembre de 2018

Aquí entre nos: El presupuesto de AMLO

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC) | 05 de noviembre de 2018

Cuando un político se encuentra en campaña es inevitable que ceda a la tentación de hacer miles de promesas que, a la larga, terminará por no cumplir, ya sea porque se ubican fuera de la realidad, como consecuencia de la voluntad política o por restricción presupuestaria. Pues bien, este fenómeno volvió a cumplirse durante el pasado proceso electoral en México.

Que si incrementos al salario mínimo (tema que me reservaré para mis últimas publicaciones en este espacio), que si incrementos a las pensiones de adultos mayores, que si ingreso universal, que si dos refinerías, etcétera. Vaya, sería bueno que muchos de los programas sociales que se prometen en campañas se cumplieran de la manera más óptima posible; sin embargo volvemos al principio, ¿con qué dinero se va a financiar todo? Para un país que se ubica en los últimos lugares de recaudación fiscal entre los países de la OCDE, ser realistas en la planeación de su presupuesto de egresos es clave para mantener equilibradas las finanzas públicas, y así evitar generar presiones sobre variables macroeconómicas sensibles como la inflación o la tasa de interés.

El ganador de los comicios de julio fue Andrés Manuel López Obrador (AMLO), uno de los candidatos con las propuestas más complejas de realizar. No tanto porque las propuestas, en lo particular, sean difíciles de cumplir, como el ingreso básico universal de Anaya; sino porque son demasiadas y AMLO espera realizar la gran mayoría de ellas a la vez y en el primer año de gobierno.

Hace algunos días AMLO publicó en sus redes sociales que su equipo y él ya tenían listo, a rasgos generales, el paquete económico para 2019, mismo que contempla la Ley de Ingresos, los Criterios Generales de Política Económica y el Presupuesto de Egresos de la Federación y que se espera sea aprobado por el poder legislativo el próximo 15 de diciembre.

En este mensaje anunció que cumpliría con los compromisos realizados en campaña. Dichos compromisos son: 1) no crecimiento de la deuda, en términos nominales (sólo al ritmo de la inflación), 2) no se crearán nuevos impuestos, 3) no habrá gasolinazos, sólo habrá incrementos en términos reales, 4) duplicación de las pensiones a adultos mayores, 5) becas para jóvenes que ni estudian ni trabajan, 6) pensiones mensuales a discapacitados, 7) siembra de árboles frutales y maderables, 8) se establecerán precios de garantía, 9) proyectos de inversión como el Tren Maya y 10) el desarrollo del Istmo de Tehuantepec, 11) la construcción de una refinería y la rehabilitación de las seis actuales, entre muchas otras.

Para que ‘alcance’ el presupuesto, AMLO señaló que van a ‘eliminar por completo la corrupción’. Si, así como lo lee. Esa frase que repetía en todas partes y cada que podía también se considerará en el presupuesto. La pregunta es, ¿cómo lo hará? No se ahondó mucho en los detalles realmente, pero aseguró que será mediante ahorros en los recursos destinados a la construcción de obra, la compra de materiales, de equipo, en la compra de medicamentos.

Sobre esto último, es importante mencionar que previamente, Carlos Urzúa fue propuesto por AMLO para dirigir la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que en teoría implementará herramientas como sitios web semejantes a Amazon para centralizar y monitorear las compras de materiales de todas las dependencias de la administración pública federal. Regresando a AMLO, no podía faltar la ‘austeridad republicana’, indicando que mediante acciones como vender la flotilla presidencial, eliminar las pensiones a los expresidentes y los seguros de gastos médicos mayores, por mencionar algunos, también se ahorraría por concepto de corrupción.

Eso sí, algo positivo, o más bien realista, que hay que señalar del presupuesto es que contempla ciertos gastos intocables, es decir, que deben de contemplarse en la planeación, tales como el costo de la deuda, las participaciones federales, los Adeudos de Ejercicios Fiscales Anteriores (ADEFAS), servicios personales (¿austeridad republicana?) y pensiones y jubilaciones. Vaya, no es un hecho extraordinario, pero se agradece el gesto. En verdad me hubiera preocupado que no incluyeran dichos rubros en su planeación.

En verdad parece que AMLO tiene un objetivo claro: siente que las clases sociales menos favorecidas no han sido incluidas adecuadamente en los Proyectos de Nación de las últimas administraciones federales, y en eso yo le puedo conceder la razón. Sin embargo, tampoco no se puede ignorar el hecho de que existen muchas restricciones y retos en las finanzas públicas, por sus tres frentes: ingresos, gastos y deuda.

Por el lado de los ingresos, es necesario realizar otra reforma fiscal que incremente el número de contribuyentes que, valga la redundancia, contribuyan y no evadan el fisco, en vez de seguir asfixiando a los actuales contribuyentes. La última reforma, implementada en 2014, ayudó al Gobierno Federal a compensar un poco los menores ingresos petroleros, sin embargo hoy día ya no es suficiente. Por el lado de los gastos, hay mucha presión por parte de las pensiones, así como por el costo de la deuda. Finalmente, en el caso de la deuda tenemos presiones tanto por el nivel en el que se encuentra, en el equivalente de casi 50% del PIB como por la deuda de las paraestatales PEMEX y la CFE. En sí, todo esto debe de ser contemplado e incorporado en el próximo presupuesto de egresos para alcanzar ese objetivo que también mencionó AMLO en su mensaje: “vamos a mantener equilibrios macroeconómicos, no vamos a gastar más de lo que ingrese a la hacienda pública”.

Sólo espero que su equipo económico, compuesto hasta donde se sabe por técnicos brillantes, sea lo suficientemente pragmático como para cumplir con lo que, de ley, se tiene que cumplir a la hora de la planeación del presupuesto y, ojalá se pueda, cumplir con aquellas promesas de campaña que realmente generen un mayor bienestar y se remuevan los proyectos que solamente consuman recursos del erario sin necesariamente generar valor a la sociedad.

 

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