Domingo, 21 de octubre de 2018

Aquí entre nos – ¿Cómo pinta la economía mexicana para el resto de 2018?

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Melina Puente (LEC) | 17 de septiembre de 2018

En este año se han suscitado muchos cambios, tanto en México como en el mundo. A nivel global, el gradual aumento en las tensiones comerciales comienza a tener repercusiones, incluyendo aumentos en los costos de los productores de las principales economías del mundo, Estados Unidos y China. Incluso el Fondo Monetario Internacional indicó que la escalada en las tensiones comerciales ante una guerra comercial entre Estados Unidos y sus principales socios comerciales es un riesgo a la baja para el crecimiento de la economía mundial.

Hoy día, se están registrando distorsiones en muchos productos necesarios para el funcionamiento de la economía global. Por un lado, la imposición de aranceles al acero y al aluminio está aumentando de forma artificial el precio de dichos metales, reduciendo así su demanda. Por otro lado, la baja en la producción de petróleo en países como Venezuela y Libia o la reducción artificial en la oferta de crudo iraní por las sanciones impuestas por Estados Unidos también aumentan los precios de los energéticos a nivel mundial. Eso, aunado a la guerra de aranceles entre Estados Unidos y China, están ocasionando una gran distorsión en los precios a los productores y consumidores del mundo lo que, en consecuencia, presiona al alza la inflación y, por ende, las tasas de interés.

En México también se han presentado cambios trascendentales. Por una parte, la falta de acuerdos en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) continúa produciendo incertidumbre. Si bien ya se llegó a un entendimiento entre México y Estados Unidos, aún falta que Canadá se una y, finalmente, se firme una versión renovada del TLCAN.

Por otra parte, en julio México celebró las elecciones presidenciales, en las cuales ganó Andrés Manuel López Obrador con un porcentaje histórico de votos del 53%. Asimismo, la coalición electoral que lo postuló (Morena, PT y PES) obtuvo la mayoría absoluta (50% + 1) en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores y mayoría simple en por lo menos 17 congresos locales. Todo ello le da un amplio margen de maniobra para emprender cambios en la administración pública, desde leyes que necesiten una simple aprobación por mayoría simple, hasta reformas constitucionales en donde se necesitará de todo la maquinaria partidaria ganada el pasado 1 de julio con consecuencias (positivas o negativas) sobre la dinámica económica, política, cultural y social de nuestro país.

Me parece que, en lo que queda de 2018, la economía mexicana crecerá por inercia, ante un panorama económico interno y externo en verdad incierto. Si en el segundo trimestre del año el crecimiento de la economía mexicana se desaceleró de manera importante, se puede esperar un escenario similar para lo que queda del año.

Por el lado de la demanda, el consumo privado seguirá desacelerándose por el encarecimiento del crédito. La inversión física continuará, ahora sí, que creciendo por inercia. Por un lado, es de esperarse que la inversión pública se reduzca significativamente luego del proceso electoral federal (el gobierno en turno ya no tiene ningún incentivo para congraciarse con el público, sobre todo luego de que su partido fuera derrotado tan humillantemente en los comicios). Por otro lado, y como ya se comentaba al inicio, la inversión privada (nacional y extranjera seguirá estancada, principalmente por la incertidumbre ocasionada por la falta de acuerdos en torno a la renegociación del TLCAN, seguido de la incertidumbre que genera, de forma natural, el cambio de administración federal.

La expansión de las exportaciones pueden seguir siendo nuestra salvación, aunque esto queda sujeto a la dimensión que tome la escalada en las tensiones comerciales y geopolíticas en el mundo hacia el cierre del año.

Respecto a los sectores económicos de México, el escenario es más pesimista que optimista. El sector servicios puede continuar apuntalando el crecimiento de nuestro país, aunque también queda sujeto a la dinámica que observe el consumo privado, por lo que se puede esperar que su crecimiento también se desacelere. El panorama del sector industrial es un poco más complejo. La producción petrolera continuará en picada. La construcción pareciera que podría crecer a tasas muy modestas, por la incertidumbre comercial y política, por un posible aumento en los precios de insumos para la construcción (como el acero), las altas tasas de interés y por una menor inversión privada y pública, por mencionar algunos hechos.

Finalmente, en la industria manufacturera se observan algunos contrastes. Si bien industrias como la alimentaria apuntalan el crecimiento de la manufactura, la industria química modera su crecimiento y la fabricación de equipo de transporte se encuentra amenazada por el resultado de la renegociación del TLCAN (si éste es negativo) y por los caprichos de Trump respecto a aranceles a insumos esenciales como el acero y aluminio o al mismo producto terminado, como ya amenazó tras iniciar la investigación a las importaciones de vehículos ligeros para determinar si éstos eran o no una “amenaza a la seguridad nacional”.

En fin, México enfrenta un panorama económico complejo hacia el cierre de 2018 y, como ya lo ha anticipado Banco de México en su último informe sobre inflación, el 2019 no pinta mejor para la economía mexicana, dado el contexto nacional, pero sobre todo internacional, tan incierto en que nos encontramos.

 

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