Jueves, 20 de septiembre de 2018

Alberto Chimal: imaginando el futuro ahora

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El escritor mexicano compartió sus ideas sobre la historia y la importancia de la ciencia ficción en la actualidad durante la novena edición de ‘Vox Orbis: Dimensiones Alternas’

Fuente: Instituto Cultural de León

Por Ricardo Nieto (IFI) | 21 de marzo de 2018

La Sociedad de Alumnos de Licenciatura en Letras Hispánicas celebró la novena edición de su congreso de literatura Vox Orbis el pasado 15 y 16 de marzo. Esta edición, titulada ‘Dimensiones Alternas’, fue dedicada a la ficción especulativa mexicana, y se vio engalanada por algunos de los nombres más respetados del género. Entre estos destaca el toluqueño Alberto Chimal, quien impartió la conferencia magistral ¿Cómo imaginar el futuro ahora?.

Chimal inició su carrera literaria a finales de los años 80. Su estilo excéntrico, se apega a la tradición fantástica y de especulación, planteando escenarios extraordinarios en la cotidianeidad como un medio para entender mejor la realidad que nos rodea. Es ganador del Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2004 y el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima 2013 por sus antologías Estos son los días y Manda fuego, respectivamente. Además, su segunda novela, La torre y el jardín, fue finalista del prestigiado Premio Internacional Rómulo Gallegos en 2013. Es un importante divulgador de la literatura en redes sociales, Chimal ha publicado antologías digitales a través de su página personal Las historias, entre las que destaca 83 novelas, compendio de minificciones publicadas originalmente en su cuenta de Twitter. Asimismo, mantiene un canal de Youtube sobre libros y creación literaria en colaboración con su esposa, la también escritora Raquel Castro.

En su ponencia, Chimal recordó la crisis de identidad que ha vivido el género de ciencia ficción desde su establecimiento a finales del siglo XIX. Precedido por las obras de Mary Shelley, Poe y, más cerca de la definición popular, Julio Verne y H. G. Wells, la ciencia ficción se dio a conocer como una literatura esperanzada en la solución de las tribulaciones de la época mediante el avance en la ciencia y la tecnología. Los autores inaugurales del género plantearon no solo lugares sino también tiempos ficticios para darle al lector una panorámica de lo que el progreso en el saber auguraba para la humanidad en una “apoteosis de la racionalidad triunfante”.

La desilusión que trajo consigo el siglo XX rompió con este idealismo y convirtió las representaciones del futuro en mundos distópicos que siguen siendo fundamentos para la ciencia ficción actual. Con obras como 1984, Brave New World y The Handmaid’s Tale, el género pasó de “la ingenuidad del optimismo a la claridad del desengaño”, reflejando una nueva percepción de la realidad que depara al hombre y siendo a su vez una crítica a su propia condición

Esta tendencia fue también notoria en el cine de la segunda mitad del siglo. Además de ejemplos clásicos como Blade Runner y 2001: A Space Odyssey, Chimal mencionó el caso de Stalker, película de Andréi Tarkovsky producida en la URSS y precursora en el planteamiento de un futuro desangelado, con tecnología oxidada y ciudades decadentes. Esto presentó al público una visión de la fugacidad del progreso y vino a recordar que “la sociedad no solo necesita innovación, sino mantenimiento”.

La ciencia ficción se ha visto diluida en la era contemporánea al ir cediendo sus elementos arquetípicos a otros estilos literarios e, incluso, al ir quedando rezagada en sus predicciones sobre la realidad del futuro. Los lectores ya conocen los lugares comunes de un género desprovisto de su credibilidad. Sin embargo, el mundo occidental sigue necesitando imaginar su porvenir y Chimal insta a la creación de ficciones que planteen posibilidades de rebeldía (la coexistencia de tecnología, cultura e ideas) y situaciones cotidianas que no tengan crisis inmediatas, sino que sean un espejo de costumbres por conocer.

El autor se mostró crítico de las posturas tradicionales sobre la ciencia ficción, tildada de “difícil de comprender e indigna del esfuerzo de entenderla”. Para él, esta postura no debe sorprender en el clima de inamovilidad que pretenden perpetuar quienes manejan los hilos de la sociedad, convirtiendo cualquier concepción de realidades alternas en disparates despreciables. Ante la desestimación de la ficción especulativa en relación con narrativas más “maduras” o “veraces”, Chimal insiste en que “la representación de lo real no tiene por qué ser la realidad literal”.

Finalmente, en el plano nacional, Chimal presenta al género como necesario en una era donde los problemas de corrupción, pobreza y falta de oportunidades se aúnan al resurgir de los discursos extremistas en la política local y global. Así como estas ideas beben de ficciones radicales, movimientos como el afrofuturismo –y quizá algún día, el mexafuturismo– surgen en respuesta a las necesidades de las minorías e incitan a imaginar posibilidades tangibles de cambio y los pasos a seguir para alcanzarlas. “La imaginación da sentido a las acciones”, concluyó Chimal, “[Lo importante es que] usemos la ficción para hacer las preguntas que más nos hacen falta”.

 

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