Jueves, 15 de noviembre de 2018

Redescubriendo: Sobre la soledad

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Redescubriendo la cotidianidad mexicana

Sobre la soledad

Por Aleida Ortiz (IFI) | 11 de octubre de 2018

Creo que jamás había sido tan consciente de cómo se siente la soledad hasta los meses pasados. Y no es sólo sentirse solo; es el saberse solo. Me tomó estar a 13,000 km de mi hogar para poder experimentar la soledad en su verdadera naturaleza. Anteriormente había vivido fuera del país, pero siempre fue en condición de estudiante y bajo la misma cultura occidental, por no decir latina.

Empecé a preguntarme si la razón de mi soledad surgía de estar en un lugar donde hablaban un idioma diferente, por extrañar a los amigos y familia, porque no me encontraba la rutina a la que estaba tan acostumbrada, etc.. Salía con los amigos que hice durante mi estancia en Arabia, y aunque nos divertíamos y compartíamos momentos juntos, al llegar a casa la soledad entraba como lluvia por una ventana abierta, sin posibilidad de poder cerrarla.

Me dio curiosidad saber cómo otras personas en mi círculo lidiaban con la soledad; cómo hacen los estudiantes de maestría o doctorado para no sentirse solos, o si era algo a lo que sólo son susceptibles ciertas personas. Me di cuenta de que la soledad no discrimina, no reconoce posición socioeconómica, raza ni religión. Es algo a lo que todos tenemos que enfrentarnos tarde o temprano, aunque cada cultura lidie con ella de manera diferente.

Conocí un estudiante colombiano que, cuando le pregunté cómo hacía para no sentirse solo, muy seguro me contestó. “¡Uy, parce! Es muy común sentirse solo por acá, toca conseguirse una novia”. Esto me creó una duda: ¿puede la soledad solucionarse con algo tan simple como sentirse acompañado? Octavio Paz, en el apéndice La dialéctica de la soledad (del libro El laberinto de la soledad), nos dice que: “El hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro. Su naturaleza […] consiste en un aspirar a realizarse en otro.” Tal vez la compañía no resuelve la soledad, pero la hace más pasajera; quizás es esta búsqueda por evitar la soledad la que nos da una razón de vivir.

Muchas veces emprendemos largos caminos para buscar el éxito académico o profesional, aunque eso nos aleje de las personas importantes en nuestras vidas. A veces tomar oportunidades implica toparse de frente con la soledad, y para algunos esto influye mucho en sus decisiones. Por ejemplo, conocí un estudiante de doctorado de una universidad de Estados Unidos quien me comentó que uno de los factores que afectó mucho su elección de universidad fue el nivel de felicidad de los estudiantes. Él sabía que el nivel académico era importante, pero si pasaría 6 años de su vida en una institución donde inevitablemente se toparía con días oscuros a causa de la escuela, quería que su vida personal no lo empeorara considerablemente.

Quizás la soledad es algo innato de las personas, algo con lo que todos tenemos que lidiar. Concuerdo con Octavio Paz; creo que el mexicano se siente solo por naturaleza y eso nos lleva a buscarnos a nosotros mismos en otros lados, en otras personas. Sin duda es difícil, y enfrentarse a la soledad de frente, aislándose por completo, sería como querer escalar una montaña de noche; nos perderíamos en el camino. Creo que lo mejor que podemos hacer es intentar entenderla y entendernos a nosotros mismos.

No creo que exista una fórmula para la felicidad, y el valor que se debe poner en la familia, amigos o pareja frente a las oportunidades profesionales es algo que queda a criterio de cada persona. Sí creo que vale la pena dedicar tiempo a evaluar esos temas, a identificar cuándo y cómo nos sentimos solos, para que cuando nos encontremos de cara con la soledad podamos manejar mejor la situación. De lo contrario, perdemos el rumbo.

 

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